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Ander Burgaña Agoües: “La Atención Primaria es capaz de generar conocimiento realizando investigación de calidad”

Ander Burgaña Agoües: “La Atención Primaria es capaz de generar conocimiento realizando investigación de calidad”

Ander Burgaña Agoües, médico de familia en el CAP de Sant Cugat (Barcelona) y reconocido con la beca Isabel Fernández de la semFYC en 2021, explica cómo una pregunta surgida de la consulta diaria le llevó a investigar el papel clínico de Dientamoeba fragilis. Su experiencia pone en valor la investigación aplicada desde Atención Primaria como herramienta para mejorar la toma de decisiones y la atención a los y a las pacientes. Hablamos con él acerca de esta cuestión y sobre su labor investigadora. 

Tiempo de lectura: 2 minutos
Fecha de publicación: 13 de enero de 2026

¿Qué es Dientamoeba fragilis y por qué es relevante estudiarlo?

Dientamoeba fragilis es un protozoo intestinal cuya importancia ha aumentado en los últimos años debido a su elevada frecuencia de detección y al debate en torno a su papel como patógeno. Aunque muchas personas pueden ser portadoras asintomáticas, también se ha relacionado con síntomas gastrointestinales inespecíficos. Su estudio es relevante porque aún existen incertidumbres sobre su verdadera patogenicidad, su impacto clínico y la necesidad o no de tratamiento en distintos contextos.

¿Qué te inspiró a investigar sobre Dientamoeba fragilis?

Primero de todo, mi mentor y codirector el Dr Pérez-Porcuna, me animó a emprender esta empresa. La motivación surgió directamente de la práctica clínica, donde observábamos con frecuencia resultados positivos para D. fragilis en pacientes con síntomas gastrointestinales y carecíamos de criterios claros para interpretar su significado clínico. Esta realidad generaba dudas diagnósticas y terapéuticas que afectaban tanto a los profesionales (clínicos médicos de familia, pediatras y microbiólogos del laboratorio) como a los y a las pacientes, y me impulsó a estudiar el tema con rigor para aportar evidencia útil para la Atención Primaria.

Además, con mi vocación primarista, tenía ganas de demostrar que la Atención Primaria es capaz de generar conocimiento realizando investigación de calidad.

¿Hubo algún aspecto que te sorprendiera durante la investigación?

Me sorprendió comprobar la complejidad de la relación entre la presencia del parásito, la carga parasitaria y la aparición de síntomas, así como la variabilidad en la eficacia de los distintos tratamientos disponibles. También llamó mi atención la proporción de portadores asintomáticos, lo que sugiere una dinámica epidemiológica más compleja de lo que inicialmente se pensaba.

¿Qué hallazgos son más significativos de tu trabajo?

Entre los hallazgos más relevantes destacan la posible asociación entre carga parasitaria y sintomatología, la identificación de tratamientos con mayor tasa de erradicación y la constatación de que existen portadores asintomáticos que podrían actuar como reservorios. Estos resultados contribuyen a matizar el papel clínico del parásito y a fundamentar mejor las decisiones diagnósticas y terapéuticas.

¿Qué implicaciones tiene tu estudio para la práctica clínica en Atención Primaria?

El estudio refuerza la importancia de interpretar los resultados positivos de D. fragilis dentro de un contexto clínico amplio, valorando tanto la sintomatología como la carga parasitaria antes de indicar tratamiento. Asimismo, ofrece información sobre la eficacia diferencial de los antiparasitarios, lo que ayuda a orientar la elección terapéutica y a evitar intervenciones innecesarias.

¿Qué aprendizajes personales y profesionales te ha dejado esta investigación?

A nivel personal, la investigación me ha enseñado la importancia de la constancia, el pensamiento crítico y la apertura a cuestionar prácticas clínicas asumidas. Profesionalmente, me ha permitido integrar más profundamente la investigación en mi labor asistencial y comprender cómo la generación de evidencia desde la Atención Primaria puede mejorar la práctica clínica y la calidad de la atención. También he corroborado la importancia de rodearse de profesionales muy capacitados y motivados desde colaboradores clínicos, personal de laboratorio y estadísticos. 

¿Qué consejo darías a jóvenes médicos  y médicas de familia que quieran combinar clínica e investigación?

Les recomendaría que partan siempre de preguntas reales surgidas de la práctica diaria, porque son las que tienen mayor impacto potencial y las que generan mayor motivación. También es clave tener un mentor o una mentora que inspire, buscar un buen acompañamiento metodológico, organizar el tiempo de forma realista y mantener la curiosidad como motor para avanzar en ambos ámbitos.

¿Qué te motivó a presentarte a la beca Isabel Fernández en 2021 y qué significó para ti recibir este reconocimiento?

Me presenté a la beca Isabel Fernández porque siendo socio de la semFYC conocí la convocatoria y busqué este apoyo institucional que permitiera impulsar y consolidar mi proyecto de investigación. Recibir el reconocimiento fue un estímulo importante, ya que validó la relevancia del tema estudiado y me dio el impulso necesario para desarrollar la tesis con mayor profundidad y alcance.

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