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Comer para calmarse: así actúa el hambre emocional y cómo abordarlo en Atención Primaria

Comer para calmarse: así actúa el hambre emocional y cómo abordarlo en Atención Primaria

En las consultas del primer nivel asistencial, se dan visitas de pacientes que manifiestan encontrar en la comida un refugio rápido a su malestar o a una supuesta forma de bienestar. Un escenario ante el que médicos y médicas de familia pueden contribuir a que estos coman mejor y de forma saludable, disfrutando del proceso.  

Tiempo de lectura: 2 minutos
Fecha de publicación: 05 de diciembre de 2025

“El hambre emocional se define como el empleo de la comida para regular emociones, no sólo las llamadas emociones negativas o incómodas, sino también emociones positivas como la alegría”, explica la especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Ana Milagros Benito López, quien en el pasado Congreso de la semFYC en Madrid ofreció una ponencia sobre esta cuestión.  

Una búsqueda de placer inmediato  

¿Por qué comemos lo que no queremos, justo en los momentos en que más necesitamos cuidarnos? Benito lo resume desde la última evidencia científica: “Lo que condiciona comer ‘lo que no queremos’ es la búsqueda de un placer inmediato, por lo que el sistema de recompensa juega un papel fundamental en lo que llamamos hambre emocional”. 

El sistema de recompensa es un circuito cerebral que libera dopamina y busca placer de forma muy rápida, especialmente cuando estamos estresados o emocionalmente saturados. En esos momentos, la corteza prefrontal —que regula el autocontrol— funciona peor, y el cerebro prioriza aliviar el malestar antes que elegir de forma consciente. Por eso recurrimos a alimentos muy palatables y rápidos de consumir, incluso aunque “no queramos”, porque en ese instante lo urgente no es nutrirnos, sino sentirnos mejor con celeridad

 

Esta respuesta rápida del cerebro explica que la mano vaya, casi sin pensar, hacia dulces, salados o aquellos alimentos que se denominan muy palatables. Como señala la médica de familia, una de las señales clave es precisamente de alimentos como dulces, grasas saturadas o alimentos salados, comer sin disfrutar del placer de comer, sino simplemente ingerir”.  

Ira y tristeza: emociones que empujan a comer impulsivamente 

Aunque solemos asociar el picoteo emocional a la tristeza, los estudios apuntan en otra dirección. “La emoción más ligada a comer de forma impulsiva es la ira, aunque seguida de cerca por la tristeza”, explica Benito. Reconocer esa conexión puede ser un primer paso para entender qué ocurre antes de comer impulsivamente.  

En un contexto saturado de promesas rápidas, Benito insiste en poner el foco en el proceso, no en el resultado: “La clave está en centrarse en el proceso, no en el objetivo, y en disfrutar de este camino que se inicia. El resto, los efectos colaterales positivos, irán llegando”. Además, añade una reflexión muy útil para resistir la tentación de buscar soluciones con celeridad: “Vencer la tendencia al cortoplacismo de nuestro cerebro centrándonos en lo que es mejor para nosotros no a corto ni medio plazo, sino a largo plazo, sea parte de la clave”.  

Reconocer cómo se manifiesta la emoción en el cuerpo y permitir que pase, en lugar de bloquearla, abre el camino hacia una relación más consciente con la comida. Y si después de ese proceso aún apetece algo concreto, no hay prohibición, sino un pacto: “Adelante, pero pactado, disfrutando, practicando un concepto fundamental que nos permite prestar atención plena a lo que comemos: el mindful eating”, sentencia Benito. 

 

¿Cómo puede la Atención Primaria abordar la gestión emocional sin aumentar la carga asistencial? 

La médica de familia reconoce que integrar esta perspectiva en el día a día no es sencillo: “Cualquier medida que queramos implementar va a conllevar un tiempo de realización. Sólo se me ocurren dos opciones: trabajo en tándem con enfermería y optar por la formación de consultas monográficas de bienestar emocional enfocadas en la conducta de comer”. Lejos de evitar carga asistencial, estas estrategias la redistribuyen y, sobre todo, permiten acompañar a más personas de forma adecuada. 

Acompañar sin juzgar 

Cuando alguien se siente culpable por “comer de más”, el papel de los y las profesionales de la Atención Primaria es esencial. La especialista en Medicina Familiar y Comunitaria lo tiene claro: “Lo fundamental es escuchar, hacer ver en qué consiste la regulación y el procesamiento emocionales y entender que no es que se trate de una forma errónea de regular emociones, lo dañino es que sea la única herramienta de autorregulación emocional de la que dispongamos”. En este sentido, destaca la importancia de trabajar la autocompasión como base del cambio. 

Si hay un mensaje que Benito desea que sus pacientes se lleven después de la consulta, es este: “A veces toca pasarlo mal, conectar con el dolor es necesario para superarlo… Es lo que se conoce como surfear la emoción”.  

 

Hambre emocional no significa debilidad. Significa que el cuerpo y la mente buscan una forma de regularse. Como profesionales de Atención Primaria, acompañar este proceso es una oportunidad para promover salud emocional, hábitos sostenibles y una relación más amable con la comida. 

 

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