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Cuando el motivo de consulta es lo que no se dice: los silencios de la Atención Primaria

Cuando el motivo de consulta es lo que no se dice: los silencios de la Atención Primaria

Entre palabra y palabra existen huecos donde, a menudo, se puede esconder el dolor, la posibilidad de curarse o sanarse, o la comprensión. En el Congreso de la semFYC, que se celebra de aquí a una semana en Madrid, los médicos de familia Mikel Baza Bueno y Sara Yebra Delgado ahondarán en el potencial del silencio para reforzar el vínculo con los y las pacientes. Hablamos con ellos sobre este elemento omnipresente en la práctica médica en lo que es un anticipo de su ponencia del 14 de noviembre. 

Tiempo de lectura: 3 minutos
Fecha de publicación: 07 de noviembre de 2025

“Recuerdo a una mujer de 54 años que tenía dolores físicos recurrentes y las consultas con ella eran breves y silenciosas. Un día, me atreví a poner palabras a ese silencio y me contó que su padre había abusado de ella en la infancia. Era algo que nunca había contado y le costaba mucho verbalizarlo. Finalmente, me entregó dos hojas manuscritas que leí en silencio. Lloramos sin lágrimas. Fue una escena que no tiene nombre, pero que dice mucho sobre lo que puede contener un silencio. Porque, en consulta, no todo se dice con palabras. A veces, el motivo de consulta es precisamente lo que no se dice”. 

Es el testimonio de una situación que vivió Mikel Baza ante una paciente y que conecta con lo que expresa este médico de familia acerca de atender a pacientes que guardan silencio en consulta: “No basta con asumir que no tienen nada que decir. Hay que ofrecerles tiempo, explicarles que pueden hablar si lo desean y, sobre todo, sostener ese espacio sin prisa” y añade que “a veces, lo más terapéutico no es preguntar más, sino saber esperar”.  

Este especialista en Medicina Familiar y Comunitaria remite al prestigioso médico Laín Entralgo, quien expresa que la verdadera medicina necesita del habla y del silencio adecuados: la palabra para informar, consolar y persuadir; el silencio para respetar, acompañar y comprender. En este sentido, Mikel Baza explica que los silencios “permiten crear un espacio seguro donde los y las pacientes pueden ordenar sus ideas y conectar con lo que sientes y les está pasando”. 

Aprender a distinguir los silencios  

Los dos profesionales coinciden en que, en consulta, hay silencios que curan y otros que pueden resultar dañinos. “Podemos clasificar el silencio como funcional, como un silencio que cura, cuando sirve para tirar del hilo y hacer una buena anamnesis, ordenar ideas, narrarse, salvaguardar la intimidad, contener emocionalmente... En el otro lado, el mismo silencio puede ser disfuncional cuando se vive como incómodo y transmite falta de pericia comunicativa o cuando causa sufrimiento en la persona que calla, cuando perpetúa injusticias y apuntala dinámicas de poder asimétricas, por ejemplo”, detalla Yebra.  

Asimismo, Baza reflexiona acerca de que “el silencio puede ser tanto un aliado como un obstáculo. Cuando se utiliza de forma intencionada y respetuosa, permite que los y las pacientes procesen la información, reflexionen y expresen sus valores antes de decidir; en cambio, cuando es impuesto o no se interpreta adecuadamente, puede generar asimetrías y decisiones poco informadas.” 

Ambos reconocen que la formación médica actual apenas enseña a escuchar lo que no se dice y reconocen que ellos mismos experimentan dificultades a menudo. “La formación está centrada sobre todo en la palabra, en la anamnesis, en preguntar y hacer activamente. Pero el silencio muchas veces es percibido como vacío o como algo pasivo o secundario”, admite Baza. “Creo que es importante poner en valor y entrenarse en competencias comunicativas avanzadas como la gestión del silencio, su utilidad, sus significados. Sería necesario incluir estos aspectos en talleres prácticos, role-playing y reflexión ética sobre el uso del silencio”, sentencia.  

 

El silencio, coinciden ambos, puede ser también una forma de resistencia o de denuncia. Yebra lo relaciona con conceptos éticos como la injusticia epistémica, que ocurre cuando la palabra del paciente se desautoriza o se invalida. “Si desde nuestro lado censuramos la palabra del paciente, caemos en esa injusticia. La justicia se produce si damos voz al paciente sin desterrar sus conocimientos o experiencias, dándoles valor.” Recuerda una escena cinematográfica para ilustrarlo: “En Las vírgenes suicidas, una adolescente dice a su médico: Obviamente, doctor, usted nunca ha sido una chica de 13 años. Ese momento condensa lo que significa no ser escuchada desde su propia experiencia”. 

Obstáculos para consultas reflexivas  

La presión asistencial, la burocracia o la desigualdad social también generan silencios que enferman. “El acceso no universal al sistema sanitario es un gran elefante en la habitación”, denuncia Yebra. “Hay personas inmigrantes que no llegan a nuestras consultas por trabas burocráticas o por la brecha digital. La protección de la salud es un derecho humano, y aún hoy no se garantiza del todo”. 

A esa falta de voz se suman los silencios del cansancio, los de la prisa, los de la consulta que se acorta porque la agenda aprieta. “Tenemos que hacer un acto consciente de tranquilidad de espíritu, de autocontrol de la reactividad y la prisa para poder generar pequeñas islas de silencio que marquen un ritmo reflexivo en la consulta”, señala Sara Yebra. 

Al final, el silencio también es un territorio ético. “Resignificarlo implica entender que callar no es desentenderse, sino acompañar desde la presencia plena”, dice Baza. “A veces, lo más importante es no llenar ese espacio con explicaciones o consejos, sino permanecer a su lado, mirarlo sin miedo, y dejar que el silencio hable.” 

 

Como recuerda Yebra, “el manejo de los silencios está ligado al vínculo, a la conversación entre iguales, a la medicina narrativa”. En ese espacio de quietud y de puesta en común —donde el tiempo, por un instante, se para— el silencio puede ser, definitivamente, otra forma de escuchar

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