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Eccemas, psoriasis y... estrés: el reto clínico de abordar las dermatosis desde lo biopsicosocial

Eccemas, psoriasis y... estrés: el reto clínico de abordar las dermatosis desde lo biopsicosocial

Vivir con eccema o psoriasis es mucho más que experimentar una afección de la piel. Quienes las padecen conviven con el picor, la descamación o el dolor, pero también, a menudo, con incomodidad y, en ocasiones, con el aislamiento social o el malestar emocional que estas patologías pueden originar. Desde la consulta, médicos y médicas de familia son testigos de ese impacto y acompañan a las personas afectadas en un proceso que requiere sensibilidad, conocimiento y continuidad. Reflexionamos en torno a esta cuestión este 29 de octubre, Día Mundial de la Psoriasis. 

Tiempo de lectura: 2 minutos
Fecha de publicación: 29 de octubre de 2025

“La atención a pacientes con psoriasis o eczema debe ser integral, abordando el daño físico y la salud mental y emocional, ofreciendo tratamiento holístico desde las primeras etapas del proceso”, explica Rosa Senan, médica de familia y coordinadora del curso ELEMENTALES de la semFYC “¿Qué hay de nuevo en eccemas y psoriasis?”. “Identificar y prevenir la multimorbilidad asociada, inculcar modificaciones en el estilo de vida y emplear un enfoque personalizado son pasos esenciales para mejorar la calidad de vida del paciente”, añade. 

Eccemas y psoriasis pueden afectar también al modo en que las personas se ven a sí mismas. Las lesiones visibles pueden condicionar la autoestima y la vida social, un aspecto que los profesionales de Atención Primaria conocen bien. Para contribuir a evitar este impacto, Senan afirma que “un reto del tratamiento es mejorar el cumplimiento terapéutico, pues se ha objetivado que hasta un 40% de las personas con psoriasis presentan escasa adherencia al tratamiento. Para fomentarla es prácticamente imprescindible implicar al paciente en la toma de decisiones y elegir el vehículo y el principio activo más adecuado para cada caso”, apunta Senan. 

Educación, nutrición y hábitos saludables 

El tratamiento de los eccemas y la psoriasis no termina con la prescripción de una pomada o una crema. Requiere un enfoque educativo, de acompañamiento y de autocuidado. “La educación de los y las pacientes es fundamental: es imprescindible invertir un tiempo cuando se diagnostica una dermatitis crónica o una psoriasis. Se le ha de explicar la naturaleza de su enfermedad, los factores que pueden influir en su evolución y cómo debe aplicarse el tratamiento”, subraya Senan. 

Este acompañamiento es básico para que la persona atendida se convierta en protagonista de su autocuidado, mantenga la constancia en la hidratación, respete las pautas de tratamiento y entienda que la mejoría puede requerir tiempo. “Los y las pacientes tienen que ser protagonistas de su autocuidado, hidratando la piel y teniendo constancia en la aplicación del tratamiento a largo plazo”, añade la médica de familia. 

El curso ELEMENTALES de la semFYC pone también el foco en los factores no farmacológicos que pueden influir en la evolución de estas enfermedades. “Más allá del tratamiento tópico, la nutrición desempeña un papel muy importante en la evolución de los pacientes con psoriasis, reduciendo el estado proinflamatorio del paciente y modulando el curso de la enfermedad”, explica la especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Rosa Senan

 

Las recomendaciones dietéticas incluyen seguir una alimentación rica en frutas, verduras, cereales integrales y aceites vegetales, reducir el consumo de grasas saturadas y alcohol, y mantener una adecuada hidratación. Además, se enfatiza la importancia de la actividad física regular, el control del peso y el cuidado de la salud mental como factores que influyen en la evolución y la percepción de la enfermedad. 

Senan recuerda que “los ácidos grasos esenciales que contienen los cereales y aceites vegetales deben aconsejarse en la dieta del paciente con psoriasis, así como las frutas y verduras”. Estas medidas, aparentemente sencillas, pueden tener un impacto real en el bienestar general del paciente. 

Formación práctica para ganar seguridad diagnóstica 

La piel, ese órgano visible y complejo, puede ser una fuente constante de dudas diagnósticas. La similitud entre distintas lesiones eritrodescamativas hace que, en muchas ocasiones, los médicos y médicas de familia se enfrenten a la incertidumbre. “La inseguridad diagnóstica es uno de los talones de Aquiles en dermatología. Por eso este curso ofrece claves diagnósticas y una actualización del manejo de los eccemas y psoriasis que pueden ser de utilidad en el manejo habitual de estas dermatosis tan prevalentes”, explica Senan. 

El programa combina la revisión de criterios clínicos con herramientas de apoyo como la dermatoscopia, una técnica que permite observar estructuras invisibles al ojo desnudo y facilita la diferenciación de lesiones similares. “El uso de la dermatoscopia ofrece signos claves para la sospecha de psoriasis y eccemas, y permite diferenciarlas de otras dermatosis eritrodescamativas clínicamente parecidas”, señala su coordinadora

 

Pero más allá de la tecnología, Senan insiste en el valor de la anamnesis. “La anamnesis es fundamental: muchas veces la clínica es prácticamente igual, pero la evolución natural de los eccemas y la psoriasis es diferente, y esa historia detallada puede orientarnos mejor que cualquier prueba complementaria”, asegura. 

Esa escucha activa —comprender cuándo aparecieron las lesiones, si empeoran con el estrés, si hay antecedentes familiares o si los brotes se relacionan con ciertos hábitos— permite construir una visión global y humana del caso. 

Cuándo derivar y cuándo acompañar desde la consulta 

Una de las grandes preguntas en Atención Primaria es saber hasta dónde se puede llegar sin derivar al especialista. Una cuestión sobre la que Senan sostiene que “si después de una anamnesis detallada y una exploración sigue habiendo dudas diagnósticas, o en casos leves de eccema que no evolucionan tras un tratamiento adecuado, es momento de plantear la derivación. También cuando existe una importante repercusión psicológica o social, en psoriasis palmoplantar o ungueal incapacitante, artropatía psoriásica o sospecha de necesidad de tratamiento sistémico”. 

No obstante, buena parte de los casos leves y moderados pueden y deben manejarse desde Atención Primaria, un ámbito donde el seguimiento cercano y la continuidad asistencial marcan la diferencia. “La consulta de familia permite ver la evolución del paciente, reforzar la adherencia y trabajar sobre hábitos de vida. Ese acompañamiento es clave”, recalca la doctora. 

Un curso para mirar más allá de la piel 

El curso ELEMENTALES de la semFYC “¿Qué hay de nuevo en eccemas y psoriasis?” no se limita a una actualización farmacológica. Propone una mirada amplia, integradora y práctica que sitúa al paciente en el centro del abordaje. “En el curso se han presentado las evidencias sobre los tratamientos y hábitos no farmacológicos que mejoran la calidad de vida de los pacientes, como la nutrición, el cuidado de su salud mental y el manejo multidisciplinar”, resume Senan. 

Detrás de cada eccema o cada placa de psoriasis hay una historia personal, una vivencia que combina el malestar físico con el reto emocional de convivir con una enfermedad crónica. En ese camino, el papel de los y las médicas de familia —su escucha, su guía y su empatía— puede ser decisivo.  

 

 

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