El auge de los fármacos biológicos plantea nuevos retos en urgencias, el tema central del nuevo ‘Píldoras de ciencia en abierto’
La coordinadora del Grupo de Urgencias y Atención Continuada de la semFYC (GUAC), la médica de familia Sònia Moreno Escribà, analiza en un nuevo episodio del pódcast Píldoras de ciencia en abierto el impacto creciente de los fármacos biológicos y biosimilares en la práctica clínica, sobre todo en situaciones críticas, donde cada vez es más frecuente atender a pacientes tratados con este tipo de medicamentos.
En esta última entrega, Moreno explica que los fármacos biológicos son aquellos cuyos principios activos proceden de organismos o células vivas y que, en su mayoría, se basan en proteínas. Entre ellos se encuentran desde proteínas relativamente simples, como la insulina, hasta otras más complejas como la hormona del crecimiento o los anticuerpos monoclonales, fabricados mediante técnicas de biotecnología y ADN recombinante.
Debido a su complejidad, estos medicamentos están sometidos a una estricta regulación por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Al tratarse de proteínas, pueden desencadenar fenómenos de inmunogenicidad. “Pueden dar un fenómeno conocido como inmunogenicidad, que es la capacidad del sistema inmunitario de reconocer y reaccionar contra proteínas extrañas”, señala Moreno, quien añade que estas reacciones son infrecuentes y habitualmente leves.
Biosimilares: misma seguridad y eficacia
Durante el episodio también se aborda el papel de los biosimilares, definidos como medicamentos biológicos muy parecidos a otros ya autorizados, denominados medicamentos de referencias. Para su comercialización, deben haber superado el periodo de protección del original y demostrar que no existen diferencias clínicas relevantes. “Las normas de calidad, seguridad y eficacia son las mismas que con el medicamento de referencia”, subraya la coordinadora del GUAC.
Un desafío para la atención urgente
Los fármacos biológicos se utilizan cada vez más en enfermedades autoinmunitarias, asma, migraña, dislipemias, cáncer o patologías dermatológicas. Sin embargo, su uso mayoritariamente hospitalario dificulta su identificación en urgencias. “Son medicamentos que actualmente son de uso hospitalario, por lo que no constan en los planes de medicación crónica del paciente y es importante interrogar sobre su uso”, advierte Moreno.
En su revisión, detalla los principales efectos adversos que pueden motivar consultas urgentes. De forma general, estos fármacos aumentan el riesgo de infecciones, especialmente si se asocian a glucocorticoides, y pueden provocar reacciones locales en el punto de inyección. Además, existen efectos específicos según el grupo terapéutico.
Así, los inhibidores del gen de la calcitonina utilizados en migraña pueden asociarse a estreñimiento, prurito o vértigo, pero también a un mayor riesgo cardiovascular. “Al ser un efecto inhibidor de la vasodilatación, aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, presente o latente”, explica Moreno, quien también alerta de un mayor riesgo de eclampsia en mujeres embarazadas.
Conocer y notificar
Como conclusión, Sònia Moreno recuerda que la Medicina Familiar, tanto en consulta como en urgencias, debe estar preparada para atender a pacientes en tratamiento con fármacos biológicos. “Independientemente de nuestro ámbito de trabajo, tenemos altas posibilidades de atender pacientes que están recibiendo tratamiento con medicamentos biológicos”, afirma.
Para ello, recomienda identificar siempre el fármaco concreto, revisar posibles interacciones y consultar fuentes fiables como la ficha técnica o la web de la EMA. Además, insiste en la importancia de la farmacovigilancia. “Es importante, si detectamos algún efecto secundario, notificarlo, sea conocido o no”, concluye.
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