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El cambio global redefine el mapa de las enfermedades infecciosas, tema central de la revista ‘Atención Primaria’

El cambio global redefine el mapa de las enfermedades infecciosas, tema central de la revista ‘Atención Primaria’

El impacto de la crisis ambiental sobre la salud humana ya no es una amenaza futura, sino una realidad presente que empieza a reflejarse en las consultas, en los sistemas de vigilancia y en la epidemiología de las enfermedades infecciosas. Esta es la principal conclusión del artículo “Impacto del cambio global en la epidemiología de enfermedades infecciosas”, publicado en la revista Atención Primaria y firmado por las médicas de familia de la semFYC Gisela Galindo y María del Campo. 

Tiempo de lectura: 2 minutos
Fecha de publicación: 30 de enero de 2026

El trabajo ofrece una revisión exhaustiva y actualizada de cómo los grandes procesos que definen el cambio global —desde el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad, las alteraciones del uso del suelo o la globalización de los movimientos humanos y de mercancías— están modificando los patrones clásicos de las enfermedades infecciosas en todo el mundo, incluido el contexto europeo y español. 

Desde el inicio, las autoras sitúan el problema con claridad: “El cambio global —incluyendo pérdida de biodiversidad, alteración del uso del suelo y cambio climático— está modificando la epidemiología de las enfermedades infecciosas”. Un fenómeno complejo que actúa a múltiples niveles y que favorece tanto la aparición de nuevos patógenos como la reemergencia de enfermedades que se consideraban controladas. 

Biodiversidad, uso del suelo y riesgo de pandemias  

Uno de los ejes centrales del artículo es la relación entre la degradación ambiental y el aumento del riesgo de zoonosis. La destrucción de hábitats naturales, la deforestación y la expansión de la ganadería y la agricultura intensivas reducen la biodiversidad y alteran los equilibrios ecológicos que actúan como barrera frente a la transmisión de patógenos. 

Tal y como recogen las autoras, “las talas masivas destruyen el hábitat de numerosas especies animales y vegetales, y las macrogranjas eliminan el factor protector de la diversidad genética frente a nuevos patógenos”. Este contexto favorece escenarios en los que los microorganismos encuentran más oportunidades para adaptarse y cruzar la barrera entre especies. “Todo ello constituye el caldo de cultivo idóneo para que se favorezca el salto interespecie de microorganismos, aumentando el riesgo de nuevas epidemias y pandemias”, advierten. 

El artículo recuerda que ejemplos recientes como la pandemia por COVID-19 o la preocupación creciente por el potencial pandémico de la gripe aviar (H5N1) ilustran las consecuencias de esta interconexión entre salud humana, animal y ambiental. 

Movilidad, clima y dispersión de patógenos  

El cambio global no solo transforma los ecosistemas, sino también la forma en que las personas, los animales y los vectores se desplazan por el planeta. En este sentido, Galindo y del Campo destacan que “el cambio global ha sido y sigue siendo uno de los factores responsables del aumento en la incidencia de enfermedades infecciosas y de la dispersión de estas, traspasando tanto fronteras geográficas trazadas por el ser humano como saltando de unas especies a otras”. 

La rapidez del transporte internacional permite que una persona infectada recorra miles de kilómetros en menos tiempo del que necesitan muchas enfermedades para manifestarse. A ello se suma el desplazamiento de animales reservorio y de insectos vectores, cuyo establecimiento en nuevas áreas geográficas se ve favorecido por condiciones climáticas cambiantes. 

 

Los eventos meteorológicos extremos —olas de calor, lluvias intensas, inundaciones o sequías— se convierten así en un factor clave. Según el artículo, “los eventos meteorológicos extremos […] impactan negativamente en la salud humana, provocando un aumento de enfermedades transmitidas por vectores y por agua y alimentos”. 

El avance de las enfermedades transmitidas por vectores  

El trabajo dedica un amplio espacio a las enfermedades transmitidas por vectores, cuya distribución y frecuencia están claramente influidas por el cambio climático. Las autoras subrayan que “las enfermedades transmitidas por vectores como dengue, malaria o fiebre del Nilo Occidental muestran un aumento en incidencia y distribución”, una tendencia que podría intensificarse en las próximas décadas si no se adoptan medidas de adaptación. 

El artículo repasa la situación de patologías como la malaria, el dengue, la fiebre del Nilo Occidental, la enfermedad de Lyme o la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, aportando datos recientes y alertando sobre la presencia de vectores competentes en España. En este contexto, se destaca el papel de la Atención Primaria en la detección precoz y la notificación de casos importados para evitar la transmisión autóctona. 

Agua, alimentación y salud pública 

Otro ámbito especialmente relevante es el de las enfermedades transmitidas por agua y alimentos, cuya incidencia se ve condicionada por el aumento de las temperaturas, los cambios en los patrones de precipitación y las deficiencias en agua, saneamiento e higiene. El artículo recuerda que estas enfermedades siguen teniendo una elevada carga de morbilidad incluso en países con altos niveles de renta y que muchas de ellas son prevenibles. 

Las autoras detallan cómo el cambio climático favorece brotes de salmonelosis, campilobacteriosis, criptosporidiosis, cólera, leptospirosis u otras infecciones relacionadas con agua contaminada y alimentos inseguros, así como la proliferación de patógenos marinos y toxinas asociadas al calentamiento del agua. 

Un enfoque integral para un reto de alta complejidad  

Como conclusión, el artículo insiste en la necesidad de adoptar enfoques integradores. “Los efectos del cambio global sobre la salud humana son múltiples, directos e indirectos”, señalan Galindo y del Campo, defendiendo la incorporación de los marcos de «Una Salud» y «Salud planetaria» para afrontar un problema que trasciende disciplinas y fronteras. 

El fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, la adaptación de los sistemas sanitarios y el papel activo de la Atención Primaria se presentan como elementos clave ante un escenario en el que la salud humana depende, cada vez más, de la salud del planeta. 

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