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El llamado síndrome posvacacional vuelve a consulta

El llamado síndrome posvacacional vuelve a consulta

Se suele pensar erróneamente que es un mito, pero es un malestar real que afecta a un 15% de la población española, según los datos que estima la semFYC, aunque otros estudios apuntan a un 30%. Insomnio, irritabilidad, desmotivación, cansancio, estado de ánimo bajo y dificultad para concentrarse son algunos de los síntomas que acarrea. ¿Cuándo preocuparse y cómo abordarlo (y superarlo) como médicos y médicas de familia? Lo analizamos con las coordinadoras de los Grupos de Trabajo de la semFYC de Salud Mental, Luz de Myotanh Vázquez Canales, y Salud Basada en las Emociones, Marisa Valiente Millán.  

Tiempo de lectura: 3 minutos
Fecha de publicación: 05 de septiembre de 2025

Si el inicio de las vacaciones de verano implica romper con el ritmo de vida habitual, la vuelta al trabajo —y a la rutina— suele suponer un cambio abrupto respecto al periodo estival. Volver puede ser un escollo en el camino para muchas personas que lo viven con síntomas emocionales y comportamentales diversos. En concreto, “los datos nos hablan de que 3 de cada 10 personas padecen el llamado síndrome posvacacional. No se suele consultar mucho, pero eso no quiere decir que las personas no noten el cambio en la rutina”, detalla Luz de Myotanh Vázquez Canales.  

¿A quiénes afecta?  

Esta médica de familia da detalles acerca de las personas que pueden padecer más el malestar que se puede sentir con el fin de las vacaciones de verano: “Aquellos y aquellas que ya lo han experimentado previamente, y, sobre todo, personas que antes de irse han tenido conflictos en el trabajo”. En la misma línea, Valiente aduce que "se ha recogido también más frecuencia en trabajadores con baja tolerancia a la frustración y baja resiliencia, lo que dificulta la adaptación a los cambios, o en aquellos y aquellas que presentan de forma habitual insatisfacción, malestar o disconfort con su trabajo por ser un ambiente laboral adverso, con poco reconocimiento y monotonía en sus tareas”. 

Por otro lado, la coordinadora del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la semFYC afirma que “hablar de un síndrome cuando ha habido cambios en las rutinas de una persona por parar y descansar resulta ambiguo”. En esta línea, la especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Marisa Valiente puntualiza que "no está considerado un trastorno clínico ni tiene criterios diagnósticos definidos ni biomarcadores propios" y añade que “la mayoría de los síntomas se entienden como respuesta adaptativa a un cambio brusco de rutina tras las vacaciones estivales, con manifestaciones transitorias vinculadas a la readaptación de funciones neurofisiológicas normales".  

Un proceso normal  

Ambas médicas de familia proporcionan recomendaciones para que los y las profesionales de la Atención Primaria puedan atender adecuadamente a pacientes que consultan sobre este problema: “En situaciones así, el papel de médicos y médicas de familia se basa fundamentalmente en apoyar e intentar dar pautas para que las personas se adapten lo antes posible a su trabajo y otras obligaciones”. Una cuestión sobre la que Marisa Valiente Millán aporta las siguientes medidas de acuerdo con esta premisa: “Aceptar que es una respuesta normal de adaptación es el primer paso para mantener una actitud positiva y no recrearse excesivamente en la incomodidad de los primeros días de incorporación al trabajo o al instituto o escuela”. 

Las recomendaciones prácticas que nos ofrecen estas dos expertas, basadas en hábitos de vida saludables y rutinas de autocuidado, especialmente importantes en esta época del año, son las siguientes y se inspiran en este mensaje general que envía Marisa Valiente, "ordena el sueño, muévete cada día, exponte a la luz solar por la mañana y vuelve a las tareas paso a paso”:  

  1. Higiene básica del sueño. Regular los horarios y el reloj biológico los días previos a iniciar el trabajo. Para ello es preciso acostarse en los horarios habituales y ser prudentes con el tiempo dedicado a la siesta. Es importante dormir más horas los primeros días de incorporación al trabajo, con un horario bien regulado. Es bueno dejarse al menos dos días del final de las vacaciones como periodo de adaptación. Además, limitar la cafeína, el alcohol nocturno o las pantallas por la noche.  
  2. Exponerse a la luz por la mañana y en el exterior a diario, para facilitar la sincronización de los ritmos, mediado en parte por la regularidad del sueño. 
  3. Actividad física progresiva: caminar, fuerza ligera, yoga… 
  4. Rutina gradual: cuando sea posible, es aconsejable regular progresivamente la intensidad de la actividad que se realiza en el trabajo. Pausas programadas y evitar maratones. Es importante no pretender hacer en septiembre todo lo que se deja pendiente en julio ni centrarse demasiado en las molestias, porque lo único que se consigue es generar una preocupación desmedida. 
  5. Otros hábitos saludables como una alimentación equilibrada o prácticas meditativas nos pueden ayudar a volver al trabajo de una forma más equilibrada. 
  6. A nivel emocional, reducir la ansiedad por querer tenerlo todo bajo control y evitar exigirse demasiado al inicio de la vuelta; y, sobre todo, pensar que es un periodo de transición que acabará resolviéndose.  

Asimismo, "médicos y médicas de familia aconsejan no tomar ningún medicamento para no medicalizar una reacción adaptativa pero sí acudir a la consulta si los síntomas persisten o empeoran más de dos semanas para descartar que no se trata de un problema de otra naturaleza”, asegura Valiente, con la que coincide Myotanh y afirma que “ese malestar se consideraría patológico cuando la persona no consigue tirar hacia delante y no puede hacer vida normal”.  

No durará para siempre  

“Hay que pensar que este malestar pasará”, defiende Luz de Myotanh; mientras que Marisa Valiente aporta claves para hacer que, durante todo el año, se pueda disfrutar el día a día si no tanto, de forma parecida a cómo se hace durante las vacaciones veraniegas: “Se suele asociar la idea o sensación de que las vacaciones son un estado absolutamente opuesto al periodo de trabajo, y, por lo tanto, que uno es sinónimo de placer y el otro lo es de malestar y sufrimiento. Y objetivamente, lo cierto es que hay un poco de todo en ambos casos. Es aconsejable planificar actividades gratificantes para los días laborales, blindando un tiempo para el ocio de forma regular a lo largo del año y especialmente en la incorporación al trabajo. Pensar en el inicio del curso como un periodo vital en el que se pueden desarrollar nuevos retos para el desarrollo personal". 

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