Elena Benages: “Incorporar la perspectiva sistémica no es una moda, es una necesidad clínica para entender mejor lo que le ocurre a nuestro paciente”
La médica de familia y coordinadora del nuevo grupo de trabajo de Atención Familiar de la semFYC, Elena Benages, explica la importancia de incorporar la mirada relacional en la historia clínica y como herramientas sencillas como genogramas o la Terapia Breve Centrada en Soluciones se pueden aplicar en la consulta
Según Benages, más allá de la fiebre, el dolor o la ansiedad, muchos pacientes arrastran conflictos familiares invisibles que impactan en su salud. Incluir esa red familiar en el relato clínico permite a los y las especialistas de medicina de familia ver patrones ocultos, reducir consultas repetitivas y abrir caminos de sanación que van más allá de la receta o la prueba diagnóstica, ofreciendo intervenciones más eficaces.
¿Por qué es necesario incorporar la perspectiva sistémica en las consultas de Medicina Familiar hoy en día?
Porque vivimos en una sociedad donde el individuo tiende a ser tratado de forma aislada, como si sus síntomas se generaran en el vacío. Pero el ser humano se construye en relación con otros, especialmente en el núcleo familiar. La personalidad, los valores, los estilos de afrontamiento y muchas conductas relacionadas con la salud se forjan en la familia. No tener esto en cuenta es dejar nuestras consultas a medias. Incorporar la perspectiva sistémica no es una moda ni una teoría abstracta: es una necesidad clínica para entender mejor lo que le ocurre a nuestro paciente y cómo intervenir con más eficacia.
¿Cómo transforma la atención al paciente el hecho de considerar a la familia como parte activa del diagnóstico clínico?
Lo transforma completamente. Nos permite ver más allá del síntoma, identificar patrones relacionales que pueden estar manteniendo el malestar y entender el sufrimiento desde su contexto. Cuando no preguntamos por la familia —por la dinámica de pareja, por los hijos, por los cuidados que realiza, por las pérdidas recientes o los cambios vitales— nos arriesgamos a repetir tratamientos sintomáticos sin abordar la raíz del problema. Muchos pacientes hiperfrecuentadores tienen detrás conflictos no nombrados, lealtades invisibles o cargas familiares que no han podido expresar. Cuando incorporamos a la familia en el relato clínico, dejamos de tratar síntomas aislados y comenzamos a sanar historias.
Desde el grupo de trabajo, ¿qué herramientas recomendáis para que los y las profesionales puedan explorar el contexto relacional de sus pacientes?
Promovemos herramientas sencillas, aplicables en consulta, que permiten introducir la mirada relacional sin necesidad de largos tiempos. Desde preguntas circulares específicas hasta el uso de genogramas breves o exploraciones sobre quién cuida a quién en casa, quién toma las decisiones o cómo ha vivido la familia situaciones anteriores similares. También entrenamos en el uso de escalas y excepciones desde el modelo de terapia breve, y en habilidades conversacionales que fomentan la alianza con todo el sistema familiar.
La Terapia Breve Centrada en Soluciones es una de las metodologías que promovéis. ¿Qué aporta a la consulta diaria y cómo puede integrarse?
Aporta eficacia, orientación al cambio y una mirada respetuosa hacia el paciente y su sistema. En lugar de centrarnos únicamente en el problema, nos ayuda a identificar lo que ya funciona, explorar excepciones, amplificar recursos y construir soluciones viables desde el primer encuentro. Esta metodología se adapta muy bien al contexto de la atención primaria, donde los tiempos son limitados pero las relaciones son continuadas. No se trata de convertirnos en terapeutas familiares, sino de introducir microintervenciones con impacto clínico alto.
¿Cuáles son los principales factores familiares que consideraríais como influyentes en el curso de enfermedades crónicas o procesos agudos?
La distribución de roles y cuidados, la sobrecarga emocional, los secretos familiares, los conflictos no resueltos, las pérdidas significativas mal elaboradas o los modelos de afrontamiento compartidos son algunos de los factores más relevantes. También influye la narrativa familiar: cómo se habla de la enfermedad, de los médicos, del dolor o de la muerte. Todo ello afecta al modo en que nuestros pacientes enferman, consultan, cumplen los tratamientos o se recuperan. A menudo, una recaída o un empeoramiento tiene más que ver con una dinámica familiar que con un fallo farmacológico.
¿Qué retos y oportunidades plantea el trabajo interdisciplinar cuando se trata de atender a las familias desde un enfoque sistémico?
El principal reto es salir de la mirada puramente biomédica y entender que el trabajo en equipo no es sumar intervenciones, sino construir una visión compartida. Cuando desde medicina, enfermería, trabajo social o psicología hablamos un lenguaje común centrado en lo relacional, se abren nuevas posibilidades. Podemos coordinar mejor, evitar duplicidades y lograr cambios más profundos en menos tiempo. El enfoque sistémico permite que el paciente y su familia no sean abordados desde compartimentos estancos, sino desde una atención verdaderamente integral.
Desde el grupo promovéis también la formación y la investigación. ¿Qué tipo de proyectos o líneas de estudio tenéis previsto impulsar?
Queremos que la formación en atención familiar sea transversal y accesible, no limitada a quien ya tiene interés en lo sistémico. Nuestro objetivo es ofrecer talleres prácticos y cursos adaptados a la realidad de la consulta, donde se entrenen habilidades concretas. En cuanto a investigación, necesitamos generar evidencia del impacto de este enfoque: cómo mejora la adherencia, reduce la hiperfrecuentación o previene el desgaste profesional. También queremos investigar qué barreras encuentran los profesionales para aplicar estas herramientas y cómo superarlas.
Como coordinadora del grupo, ¿te gustaría aprovechar este espacio para compartir alguna reflexión final o tema que consideres importante y que no hayamos tratado?
Sí. Me gustaría insistir en que trabajar con la familia no es añadir más complejidad a la consulta, sino reconocer la complejidad que ya está presente y que a menudo ignoramos. Escuchar lo familiar no siempre implica traer a los familiares físicamente, sino permitir que sus voces, sus ausencias y sus influencias entren en la historia clínica. Cuando lo hacemos, el paciente deja de estar solo frente al profesional y se convierte en parte de una red que también puede sanar. Nuestro reto como médicos de familia es aprender a escuchar esa red.