Un estudio publicado en ‘Annals of Family Medicine’ analiza la confianza de médicos y médicas de familia en sus pacientes
En las consultas de Medicina Familiar y Comunitaria, la relación entre médico y paciente no solo se basa en diagnósticos y tratamientos: la confianza es la base sobre la que se construye todo. En esta línea, un estudio reciente publicado en Annals of Family Medicine ahonda en un aspecto hasta ahora apenas estudiado: la confianza del médico o de la médica de familia en sus pacientes. El trabajo, reseñado en el blog Sano y Salvo, destaca cómo esta confianza se asume, se desarrolla y, a veces, se pone a prueba en la práctica clínica diaria.
Entre septiembre y diciembre de 2021, los investigadores realizaron entrevistas con a médicos y a médicas de familia de Atención Primaria en Nueva Gales del Sur, Australia. Se analizaron los datos de 25 médicos con edades entre 28 y 65 años y experiencia en Medicina Familiar y Comunitaria, que iba desde 5 años hasta más de 25. La muestra incluyó igual número de hombres y mujeres, la mayoría trabajando en áreas metropolitanas, y permitió recoger perspectivas diversas sobre cómo se construye la confianza en distintos contextos socioeconómicos.
Un proceso de confianza mutua
Los resultados del estudio muestran que, para muchos médicos y médicas de familia, confiar en sus pacientes es un “punto de partida asumido”. Algunos confiesan que nunca antes habían reflexionado sobre este asunto. “Normalmente lo planteo como, ¿el paciente confía en el médico? Y no al revés”, comenta uno de los participantes. La confianza, explican los autores, es un concepto complejo, difícil de definir y esencial para la relación terapéutica.
Esta confianza mutua se basa en la honestidad, la comunicación abierta y un entendimiento compartido de responsabilidades. Para los médicos y médicas de familia, significa dedicar tiempo a conocer a la persona atendida, comprender su contexto y establecer expectativas claras. Incluso visitas consecutivas permiten que ambas partes ajusten sus expectativas sobre lo que puede lograrse en la relación terapéutica.
Los retos de la desconfianza
Sin embargo, no siempre es sencillo confiar en el otro. Algunos pacientes son percibidos como manipuladores o transmiten que buscan beneficios secundarios. Un ejemplo citado en el estudio es que “hay personas que cuentan historias para conseguir recetas”, refiriéndose a opioides y otros medicamentos controlados. Otros casos incluyen documentos médicos dudosos o información incompleta para acceder a beneficios laborales o sociales.
Aun así, muchos médicos buscan comprender la situación compleja de sus pacientes. “Es mucho más complejo que simplemente mentir”, apunta una médica de familia de 50 años, señalando que, incluso en casos difíciles, mantener algún tipo de relación terapéutica sigue siendo una prioridad profesional y ética.
La longitudinalidad: cómo el tiempo es aliado de la confianza
El estudio confirma algo bien conocido en Atención Primaria: la confianza se fortalece con el tiempo. La continuidad de la relación permite al médico conocer mejor el contexto vital del paciente, detectar cambios sutiles y comprender mejor sus decisiones y comportamientos en salud.
Tal y como destaca la reseña de Sano y Salvo, la longitudinalidad no solo mejora la experiencia asistencial, sino que “impacta directamente en la seguridad clínica”, al reducir la incertidumbre, la fragmentación de la atención y las intervenciones innecesarias.
Implicaciones para la atención sanitaria
El estudio subraya la importancia de la confianza en la atención integral: “Se debe apoyar a los médicos y a las médicas de familia para que construyan y mantengan relaciones terapéuticas, dado que la confianza en sus pacientes es fundamental para una atención integral”. En este sentido, los autores señalan que la confianza del médico en la persona atendida no solo beneficia la relación, sino que es terapéutica en sí misma, fomenta la autonomía de los y las pacientes y permite una atención más segura y efectiva.
Los hallazgos de este trabajo también sostienen la necesidad de que los médicos y las médicas de familia equilibren la confianza con la prudencia en sistemas de salud complejos y sobrecargados, donde la comunicación fragmentada y la alta carga laboral pueden poner a prueba incluso las relaciones más sólidas.
Concluyen los investigadores que “la participación de los y las pacientes en sus planes de cuidado construye confianza mutua”, recordando que el esfuerzo del médico por mantener relaciones terapéuticas no es solo una cuestión profesional, sino un componente esencial de la práctica de la Medicina Familiar y Comunitaria.