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Ponerse las gafas violetas: el juego que revela la violencia de género oculta en la consulta

Ponerse las gafas violetas: el juego que revela la violencia de género oculta en la consulta

Durante la primera jornada del XLV congreso de la semFYC en Madrid, se ha celebrado la ponencia “La Gymkana de las gafas violetas: hacia una consulta libre de violencias de Género” que de manera gamificada ha aportado a los y las profesionales sanitarias herramientas para el reto que supone el abordaje de este tipo de violencia, muchas veces invisible, en las consultas

Tiempo de lectura: 4 minutos
Fecha de publicación: 13 de noviembre de 2025

Los y las participantes del congreso de la seMFYC han experimentado hoy una metodología formativa pionera: una gymkana basada en el concepto de “juego serio” o serious game, aplicada a la detección de la violencia de género en Atención Primaria. La sesión, diseñada para sensibilizar sobre la magnitud del problema, ha permitido identificar signos de sospecha y mejorar la intervención en consulta de manera interactiva.

Los y las profesionales en medicina familiar y comunitaria que han asistido a la gymkana han trabajado en equipos recorriendo distintas estaciones que abordaban aspectos clave: prevalencia de la violencia de género, errores frecuentes en la atención, factores de vulnerabilidad y fases del ciclo de la violencia. A través de dinámicas como análisis de noticias, resolución de puzzles y clasificación de casos, se ha fomentado la reflexión crítica y la adquisición de herramientas prácticas.

Durante la sesión, insistieron en que el papel de los médicos y médicas de familia no es solo el diagnóstico, sino también el acompañamiento: “Lo que tenemos que hacer es acompañar a las mujeres, reforzar su autoestima, que muchas veces se ha perdido tras años de violencia. Solo con el apoyo de las profesionales, de las redes y del entorno conseguiremos que la paciente salga de esa situación.”

Uno de los ejercicios más llamativos ha sido el uso de las denominadas “gafas violetas”, un recurso simbólico que ha ayudado a los participantes a descubrir información oculta en historias clínicas ficticias y a ampliar la mirada ante signos de violencia que muchas veces pasan desapercibidos. Como han explicado Alicia Díaz Revilla, Irene García Zurita y Marta Baliña Ben, responsables del taller “ponerse estas gafas permite abrir los ojos ante malestares difusos y sospechar de situaciones de violencia de pareja que se manifiestan con síntomas de salud inespecíficos”.

La iniciativa surge de una experiencia previa en la Escuela de Salud Pública de Menorca, donde se impartió un curso sobre gamificación en salud en septiembre de 2024. A partir de ese aprendizaje, las médicas de familia han adaptado la metodología a la violencia de género, convencidas de que un enfoque interactivo y participativo consigue captar mejor la atención y mejorar la retención de conocimientos frente a las formaciones tradicionales basadas en charlas.

Durante la gymkana, se ha destacado que el papel de los y las profesionales de Atención Primaria es muy importante, porque “en ocasiones somos el único contacto de la mujer con los servicios sanitarios”.  En este sentido, las ponentes han recordado que “la violencia de género es un problema de salud aun escasamente diagnosticado, por lo tanto, insuficientemente visibilizado, detectado, registrado y abordado”. 

Los datos lo demuestran. Según la Macroencuesta de Violencia de Género, en España, 1 de cada 2 mujeres de 16 o más años han sufrido violencia de género en cualquiera de sus formas, a lo largo de sus vidas. “Sin embargo, solo 1 de cada 3 mujeres que han sufrido esa violencia física o sexual ha llegado a pedir ayuda formal, y entre quienes llegaron a hacerlo el 27% (el dato más alto), decidió acudir a pedir ayuda a algún centro sanitario, muy por encima de otros recursos formales disponibles”, explican las profesionales. 

Además, uno de los objetivos del taller ha sido “visibilizar la violencia normalizada”, entendida como aquellas conductas y actitudes violentas que han sido legitimadas, banalizadas o naturalizadas a lo largo del tiempo, amparados en el “siempre se hizo así o por el determinismo biológico”.  Los ejercicios lúdicos han permitido identificar estas situaciones y reflexionar sobre cómo el umbral de tolerancia influye en la detección, ya que “si disminuimos el umbral de tolerancia, aumentaremos la visión del problema” han afirmado Díaz, García y Baliña.  

Para lograrlo, las ponentes han subrayado que “una buena formación es la mejor herramienta para afrontar este y otros problemas de salud”, pero han recordado que “el papel de los médicos y médicas de familia es acompañar”, que el abordaje efectivo requiere coordinación entre ámbitos asistenciales, con lo que “siempre podemos pedir ayuda, y que es necesario derivar con el compromiso de una acción conjunta y de comunicación permanente”, y sobre todo, tener presente el respeto absoluto a la confidencialidad ya que “la decisión última es de la mujer”. 

A ojos de las expertas, se ha demostrado que las mujeres quieren ser preguntadas, y muchas veces, simplemente con preguntas abiertas del tipo ¿qué tal las cosas en casa? o ¿cómo describirías la relación con tu pareja? pueden ser un buen punto de partida para llevar a cabo la entrevista facilitadora, e iniciar un espacio de escucha que abre la puerta para futuras intervenciones, pero para ello es necesario que las y los profesionales tengan formación con enforque de género. 

A pesar de los datos y de que la violencia de género constituye un grave problema de salud pública, las médicas de familia se han despedido con un mensaje optimista, ya que, aunque “nos queda mucho por conseguir, sin duda estamos avanzando y podemos decir que tenemos más conocimientos y medios que hace años, y que ahora se detecta y se aborda mejor el problema”. “Es una cuestión de todos y todas, acabar con esta lacra que nos hará más iguales y menos violentos y eso será un avance como sociedad”, han concluido. 

 

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