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Un nuevo “Hemos Leído” analiza la relación entre pobreza acumulada y mortalidad

Un nuevo “Hemos Leído” analiza la relación entre pobreza acumulada y mortalidad

Esta nueva edición de “Hemos Leído” reflexiona sobre un estudio publicado recientemente en The Lancet, “Investigating associations between long-term poverty exposure and premature mortality: evidence from the National Longitudinal Survey of Youth 1979 prospective cohort”.

Tiempo de lectura: 2 minutos
Fecha de publicación: 18 de diciembre de 2025

Por Inés Fernández de Córdoba Alonso, médica de familia y miembro del Grupo de Trabajo en Inequidades en Salud y Salud Internacional de la AGAMFEC

Es de sobra conocido que el nivel de ingresos es un importante determinante social de la salud. Numerosas investigaciones han demostrado que vivir en situación de pobreza se asocia con un mayor riesgo de mortalidad y una menor esperanza de vida. Sin embargo, la mayoría de estos estudios se basan en ingresos medidos en momentos concretos de la vida, por lo que no analizan el efecto que tiene sobre la salud vivir una situación de pobreza sostenida a lo largo del tiempo. El objetivo de este nuevo estudio fue precisamente ese: analizar cómo la pobreza acumulada influye en la mortalidad prematura.

Para llevarlo a cabo, se utilizaron datos del estudio prospectivo de cohortes NLSY79, realizado en adultos de EE. UU. Los autores analizaron los ingresos familiares durante un periodo de 20 años, de 1985 a 2004, cuando las/os participantes tenían entre 23 y 42 años.

La pobreza acumulada se definió según la proporción de mediciones de ingresos ajustados por tamaño del hogar por debajo del 200% del Nivel Federal de Pobreza (FPL). Los umbrales correspondientes son los siguientes: 200 % del FPL por tamaño del hogar (ingreso anual máximo):

  • 1 persona: US$ 31,300
  • 2 personas: US$ 42,300
  • 3 personas: US$ 53,300
  • 4 personas: US$ 64,300
  • 5 personas: US$ 75,300
  • 6 personas: US$ 86,300
  • 7 personas: US$ 97,300
  • 8 personas: US$ 108,300

Según estos datos se clasificó a las personas en cuatro grupos:

  • nunca en pobreza,
  • a veces en pobreza (más de 0 y menos de un tercio de las mediciones),
  • con frecuencia en pobreza (un tercio o más, pero no todas las mediciones),
  • siempre en pobreza.

Para el análisis, se emplearon modelos de riesgos proporcionales de Cox ajustados por posibles factores de confusión. El resultado fue la mortalidad entre 2004 y 2019 considerada prematura, porque los participantes tenían entonces entre 53 y 62 años, edades claramente por debajo de la esperanza de vida.

Los resultados mostraron que quienes experimentaron pobreza persistente durante la edad adulta tenían más del doble de riesgo de mortalidad prematura en comparación con quienes nunca habían vivido en pobreza. También se observó un patrón gradual: cuanto mayor era el tiempo vivido en pobreza, mayor era el riesgo de muerte. Es decir, las personas que estuvieron en pobreza con frecuencia tenían más riesgo que las que nunca lo estuvieron, pero menos que quienes la sufrieron de manera persistente.

Este estudio es especialmente relevante porque ningún trabajo previo había analizado los efectos de una exposición tan prolongada a una situación de bajos ingresos. Y los hallazgos nos señalan que la pobreza debe entenderse como un fenómeno dinámico y acumulativo si se quiere evaluar adecuadamente su impacto en la salud; medirla en un único momento puede subestimar sus efectos perjudiciales.

Dado que la exposición prolongada a la pobreza durante la juventud y la mediana edad es un fuerte predictor de mortalidad prematura, resulta evidente que las políticas de salud pública deben adoptar una mirada más amplia y longitudinal sobre las condiciones económicas de la población y no basta con evaluar la situación económica puntual de una persona, que es lo que ocurre, por ejemplo, cuando se recogen datos mediante encuestas puntuales.

También es fundamental que los sistemas de salud den mayor relevancia a la recogida de datos económicos y a la trayectoria económica de las personas. Esta información más dinámica sería de especial relevancia en las consultas de Atención Primaria ya que, por una parte, nos permitiría comprender la vulnerabilidad acumulada a lo largo del tiempo de nuestros pacientes, y por otra, identificar a las personas en situación de riesgo y así poder elaborar actividades preventivas orientadas a quien más lo necesita.

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