Irene Cortiguera: “Yo también soy especialista”
Hoy, en el marco de la campaña #ELIJOMFYC25 y bajo el lema “Me viene de familia”, compartimos la historia de Jacinta Landa e Irene Cortiguera, madre e hija, unidas no solo por la sangre, sino también por una misma forma de entender la medicina.
Ambas son médicas de familia, y desde su experiencia, reivindican una especialidad que, aunque a veces poco valorada, es esencial para la salud de las personas. “Al principio el tema del prestigio te puede condicionar, pero con el tiempo te das cuenta de que el verdadero valor está en la confianza que generas. Eres su médico, el médico ‘normal’, como nos dicen los pacientes. El que lo ve todo, el que está siempre”, cuenta Irene.
Jacinta, con más años de experiencia, confirma que esa confianza se gana con el tiempo y la presencia constante: “Ya no me dicen ‘quiero que me vea el especialista’. Me cuentan lo que les pasa y confían en que yo puedo ayudarles. A veces, incluso me ruegan que no los derive. Eso dice mucho de lo que significa esta relación”.
Irene reflexiona sobre el reconocimiento social que aún falta: “Muchas veces, cuando alguien pide ver a un especialista, les digo: ‘yo también lo soy’. Pero socialmente aún cuesta que se entienda que la Medicina de Familia es una especialidad con formación, con complejidad y con un impacto enorme en la vida de las personas”.
Ambas coinciden en que esta profesión exige mucho más que conocimientos médicos: exige escucha, criterio, manos, y sobre todo, compromiso. “Con lo que llevamos en la mochila —cabeza, manos y corazón— resolvemos muchísimo. No hace falta deslumbrar con tecnología, hace falta estar”.
Para Jacinta e Irene, ser médicas de familia no es una opción menor: es una elección valiente, una vocación que se hereda, y un modo de estar en el mundo, acompañando a las personas en cada etapa de su vida.