La eutanasia en Atención Primaria: del privilegio de acompañar al dilema de decidir
Desde que fue legalizada en España, la eutanasia ha dejado de ser una teoría para convertirse en una realidad en los centros de salud. Cuatro años después de la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE), los equipos de Atención Primaria están en el centro de esta práctica, enfrentándose a retos clínicos, éticos y humanos que supone.
Estas y más cuestiones se analizan en la editorial de la revista Atención Primaria “Experiencia de la eutanasia en los equipos de atención primaria”, de las especialistas de familia y comunitaria Eva Peguero-Rodrígueza, Begoña Roman Maestre y Carmen M. Prieto Villanueva.
La eutanasia, cada vez más cerca del centro de salud
Desde 2021, la eutanasia ha pasado de ser un tabú a una realidad asistencial. Y es en Atención Primaria donde se lleva a cabo, en la mayoría de los casos, la Prestación de Ayuda para Morir (PRAM). Aunque la ley nombra únicamente al médico responsable, en la práctica real se trata de un trabajo en red que involucra también a enfermería, trabajo social, personal administrativo y, cómo no, a las familias y personas allegadas del paciente.
Las autoras del articulo destacan que el respeto a la autonomía y a la dignidad del paciente es el eje fundamental de este proceso. Es vital escuchar su voluntad, valores y preferencias. Para ellas, “acompañar a los pacientes a lo largo de su vida, incluido el tramo final, es un deber de los profesionales sanitarios”, pero “también un privilegio”. Es precisamente en este momento cuando “mostramos los conocimientos, habilidades y actividades para las que nos formamos”, explican.
La muerte como acto de cuidado y humanidad
En los casos menos complejos, los pacientes suelen tener claro su deseo de morir: saben cómo, cuándo y con quién quieren hacerlo. A su alrededor, “los profesionales, comprometidos con su paciente, asumen la petición y se implican”, dando como resultado “equipos multidisciplinares y flexibles” que se coordinan, se apoyan y comparten experiencias, contribuyendo a que esta práctica se realice con la máxima sensibilidad, evitando “arbitrariedades e improvisación”.
Sin embargo, hay casos más complejos que hacen necesario reflexionar sobre la agilización de trámites, la mejora de la atención paliativa y el riesgo del sobretratamiento, especialmente en pacientes oncológicos, sin olvidar los casos de personas jóvenes, con enfermedades mentales o los que rechazan tratamientos eficaces. “Los profesionales han de poder aceptar, si el paciente propone la PRAM, la posibilidad de explorar la competencia y que pudiera concluirse en la solicitud de eutanasia”, afirman las autoras del artículo.
En este sentido, las especialistas también destacan las personas con enfermedades neurodegenerativas y un Documento de Voluntades Anticipadas (DVA). ¿Cómo actuar cuando la persona ya no puede expresar sufrimiento, pero ha dejado por escrito su voluntad? Aquí, la ética del cuidado y la justicia se tensan, y las decisiones deben tomarse con una profunda deliberación moral, sin olvidar que la identidad personal también es un proceso en transformación.
El artículo concluye que la “complejidad del vivir, por qué hacerlo y cuándo ya no, exige justicia y cuidado, matices y deliberación, pues las dificultades que comporta son existenciales”. Es por ello, que las autoras afirman que “es bueno que tengamos una ley en su proceder que contemple esos espacios deliberativos que existen ternura y tiempo”, pero que aún hay retos para mejorar la atención de la PRAM como superar la inequidad territorial y entre los diferentes niveles asistenciales, y “pedagogía para no simplificar en exceso decisiones que, en absoluto, lo son”.
Porque, como señalan las médicas de familia, “nuestra sociedad ya no vive de espaldas a la muerte, la piensa individual y colectivamente”. Y ahí, como siempre, está la Atención Primaria.
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