La semFYC analiza las consecuencias para la salud del cambio climático y la contaminación, y cómo orientar la consulta médica en clave de salud planetaria
Existen unas 1.500 sustancias químicas exógenas que son contaminantes ambientales y tienen efectos adversos para la salud interfiriendo en los procesos hormonales, especialmente en momentos de vulnerabilidad como la etapa fetal, la infancia y el embarazo. Además, el estilo de vida y la utilización de determinados fármacos, además de tener un impacto directo en nuestra salud, tienen una serie de efectos ambientales que se relacionan con el uso de recursos naturales, la producción de residuos y la emisión de gases de efecto invernadero. En este sentido, el XLV Congreso de la semFYC, que se celebrará del 13 al 15 de noviembre de Madrid, abordará entre otros temas cómo nuestro estilo de vida impacta tanto en nuestra salud como en nuestro planeta.
Los hábitos no solo tienen repercusiones en la salud sino también en el medio ambiente. Este es uno de los temas sobre salud planetaria que se abordará en el próximo XLV Congreso de la semFYC, que se celebrará del 13 al 15 de noviembre en Madrid. Durante este encuentro, se analizará cómo abordar en consulta acciones y estilos de vida más sostenibles con un enfoque de salud planetaria. Desde hace años, esta cita es referente en la evidencia alrededor de la salud planetaria analizando la evidencia creciente de cómo los disruptores endocrinos, algunos tipos de inhaladores o los antimicrobianos en el medio afectan nuestra salud y el medio ambiente.
En el caso de los disruptores endocrinos, los científicos tienen cada vez más evidencia sobre la interferencia que suponen estos compuestos en el organismo y la salud. Sin embargo, productos comunes de la cesta de la compra (comida envasada, desodorantes, cremas, pastas de dientes, agua) pueden contener este tipo de sustancias. Entre otros cambios necesarios, el Grupo de Trabajo de Salud Planetaria de la semFYC hace un llamamiento a la sociedad civil y a la Administración para disminuir la presencia de los disruptores endocrinos, especialmente en productos de consumo.
De hecho, hace años que se observan evidencias —a nivel in-vitro y en animales— de que los disruptores endocrinos pueden influir en la fertilidad, el desarrollo neurológico del feto, problemas del sistema inmune o en enfermedades crónicas como la diabetes o las alergias, además de cánceres (mama, próstata, ovario o tiroides). A modo de ejemplo, desde el 1 de septiembre de este año han quedado prohibidos en la Unión Europea el uso del óxido de difenilfosfina (TPO) y del dimetil-p-toluidina (DMTA) muy comunes en esmaltes y geles semipermanentes para las uñas, al considerarlas "carcinógenas, mutágenas y tóxicas para la reproducción" por diferentes estudios en animales.
¿Por qué son tan dañinos?
Los disruptores endocrinos alteran los mecanismos hormonales por diferentes vías, ya sea activando o inhibiendo los receptores hormonales, interfiriendo con las proteínas de transporte o con el proceso de síntesis hormonal, entre otros. Los adultos pueden verse afectados por los disruptores endocrinos, pero el principal blanco son los niños en toda su etapa perinatal, desde el embarazo hasta los primeros años de vida, cuando el cuerpo queda programado para su vida de adulto.
En esta etapa, el feto depende durante la primera mitad del embarazo exclusivamente de las hormonas tiroideas maternas que le llegan a través de la placenta, ya que no es capaz de producir las suyas propias. Estas hormonas desempeñan un papel fundamental en el desarrollo del feto, sobre todo en la maduración del sistema nervioso central. La exposición maternoinfantil a disruptores endocrinos se ha relacionado además con problemas como el bajo peso al nacer, prematuridad, mayor riesgo de obesidad y alteraciones cardiometabólicas y efectos inmunitarios.
Precisamente por este motivo, las autoridades han optado sobre todo por restringir el uso de plásticos con componentes hormonalmente activos en objetos que usarían bebés y niños (ftalatos en chupetes, mordedores y tetinas, y bisfenol-A en biberones de policarbonato), aplicando el principio de precaución con el objetivo de proteger la salud infantil. Aunque estos disruptores hayan sido regulados, actualmente existen muchos otros que no lo están.
Una parte de este tipo de sustancias se van acumulando en el organismo, mientras que otros tienen una vida media corta en el organismo y se eliminan por vía renal. Sin embargo, grandes estudios han detectado la presencia de diversos disruptores endocrinos en muestras biológicas de hasta el 95% de los participantes. Además, una de las grandes preocupaciones de la comunidad científica es que la mayoría de los ensayos de toxicidad se realizan con compuestos individuales, cuando lo esperable es que la contaminación incluya más de un compuesto. Es importante por este motivo hacer estudios de contaminantes combinados: este posible “efecto cóctel” no se tiene en cuenta a la hora de legislar y hace que sea muy complicado establecer un umbral seguro de exposición. Desde el Grupo de Salud Planetaria de la semFYC señalan que “hay suficientes señales de riesgo como para intentar limitar nuestra exposición todo lo posible. Instamos a la Administración a ser rigurosa con los controles de calidad de todos los productos que llegan a nuestro mercado y a disminuir en la medida de lo posible la presencia de estos disruptores en diferentes materiales”.
¿Dónde están y cómo repercuten en la salud?
Los expertos de la semFYC señalan que “como consumidores, es importante conocer algunos de los principales disruptores endocrinos para hacer una compra más consciente y optar por otros productos menos dañinos”. También ayudan hábitos de vida saludables como hacer ejercicio y una dieta sana. Todo esto repercutirá de forma positiva tanto en nuestra salud como en el medio ambiente, muchas de estas sustancias están presentes en productos como los plásticos y además se ha detectado que pueden afectar a la fertilidad de diferentes especies animales.
La salud planetaria, presente en el Congreso de la semFYC
La salud planetaria entendida como la consecución del nivel máximo de salud, bienestar y equidad, respetando los límites de los sistemas naturales del planeta, es un concepto que ha adquirido una gran relevancia dado el contexto de emergencia climática y ambiental en el que nos encontramos y la semFYC abordará este tema un año más en su XLV Congreso, que se celebra la próxima semana en Madrid.
“Nuestra alimentación, la forma en la que nos desplazamos, el consumo de tóxicos como el alcohol y el tabaco, la proximidad de los espacios que habitamos a zonas verdes, o azules, la utilización de inhaladores, la prescripción de antimicrobianos, no solo nos afectan como individuos, sino que pueden contribuir en mayor o menor medida al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad”, señala Miriam Navarro Beltrá, miembro del Programa de Salud Planetaria y del Grupo de Trabajo de Inequidades en Salud y Salud Internacional de la semFYC.