La semFYC, junto con 8 sociedades, publica un consenso sobre el manejo farmacológico de trastornos psicóticos en personas mayores con tratamiento de la infección por COVID19
El documento aborda específicamente el uso de psicofármacos en personas mayores, pero sus conclusiones, especialmente en lo referente a las interacciones, podrían ser extrapoladas a población más joven.
El documento señala que por el contexto epidemiológico actual “se dan circunstancias en el ingreso de las personas con infección por coronavirus que hacen muy difícil o imposible tanto el abordaje no farmacológico como la prevención del delirium, e incluso su diagnóstico precoz, ya que el aislamiento, la imposibilidad para la estimulación sensorial, la incapacidad para establecer estrategias de comunicación y reorientación a la realidad y para mitigar el estrés emocional con la ausencia de cuidadores, hacen que la incidencia de trastornos de agitación, inquietud psicomotriz, agresividad o psicosis sean frecuentemente esperables”.
Prevalencia en personas mayores
Aunque la prevalencia de la esquizofrenia es del 1% de la población general y se las debe tratar hasta el final de la vida, también “hay personas que inician un cuadro psicótico por encima de los 60 años” y se dan casos de personas mayores con depresión y síntomas psicóticos, trastornos bipolares y esquizoafectivos.
De hecho, la segunda enfermedad que más frecuentemente produce síntomas psicóticos en el ser humano es la demencia, que afecta al 18% de las personas de entre 75 y 79 años; al 26% de las personas de entre 80 y 84 años; y hasta al 45% de las personas de más de 85 años. Junto a ella, el delirium que aparece en mayor medida en las personas mayores con vulnerabilidad cerebral puede producir síntomas psicóticos graves y disruptivos, frecuentes y de difícil manejo en el entorno del ingreso hospitalario por descompensación clínica aguda.
Faltos de ensayos clínicos
Uno de los factores relevantes es el hecho de que “aunque existan unas u otras indicaciones oficiales no se corresponde siempre con la realidad de la verdadera utilidad de los distintos fármacos en sus potenciales indicaciones, dada la dificultad para la realización y/o ausencia de ensayos clínicos en población mayor”.
Por este motivo, “el documento pretende ayudar al clínico a tomar decisiones sensatas y lo mejor informadas posibles para esta frecuente y demandante encrucijada clínica, en una situación de incertidumbre pero de necesidad de respuesta asistencial”, según se apunta en la presentación del propio documento.
