Actualidad
¿Los espacios hieren o sanan? Un estudio de comunitaria en el barrio madrileño de Moscardó ahonda en su impacto emocional

¿Los espacios hieren o sanan? Un estudio de comunitaria en el barrio madrileño de Moscardó ahonda en su impacto emocional

En el distrito madrileño de Usera se encuentra el barrio de Moscardó, el segundo de la ciudad con peores determinantes socioeconómicos de salud. Este se ha convertido en escenario de una propuesta innovadora de diagnóstico comunitario basada en el mapeo emocional, un proyecto que busca identificar los lugares que generan bienestar —o malestar— en el vecindario. Una iniciativa que destaca la revista Comunidad en un original de su último número.  

Tiempo de lectura: 1 minuto
Fecha de publicación: 22 de octubre de 2025

Desarrollado en plena pandemia, el proyecto ha sido impulsado desde la Atención Primaria por los especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria Adrián Carrasco Munera, Irene Sanz Arévalo y Alberto Fernández Romero, quienes destacan que el objetivo principal fue “identificar las emociones que generan las distintas zonas del barrio a sus habitantes”, y vincular estas percepciones al entorno urbano, los determinantes sociales y el perfil sociodemográfico de quienes participaron. 

Utilizando mapas mudos del barrio y una metodología cualitativa, se recogieron las emociones de 53 personas. Los resultados muestran un hallazgo muy relevante: “Las emociones positivas estaban mucho más presentes que las negativas y especialmente vinculadas a espacios verdes y plazas”. Zonas como el parque Madrid Río, la plaza Elíptica o la plaza Romana fueron señaladas repetidamente como lugares donde se experimentan emociones como la alegría o la amistad. 

Lo que revela el barrio 

Los autores de este original sostienen que estas emociones positivas no surgen al azar, sino que están profundamente ligadas a características del entorno físico: "Las zonas que producen alegría son zonas amplias y al aire libre, donde la gente puede encontrarse y llevar a cabo actividades conjuntas”. 

Sin embargo, también afloraron emociones negativas como la tristeza, la rabia o el miedo. Estas últimas se asociaron con “calles pequeñas o zonas poco transitadas”, espacios degradados o con problemas de limpieza y seguridad, y fueron especialmente mencionadas por mujeres y personas mayores, lo que apunta a la necesidad de intervenciones con enfoque de género y edad

Un punto de partida  

Pese a las limitaciones de participación —especialmente entre población infantil o con menor nivel educativo—, el estudio demuestra que este tipo de herramientas son útiles no solo para hacer diagnósticos, sino también para activar procesos comunitarios: “El mapa de emociones ha resultado un inicio desde el que construir una participación comunitaria que permita repensar los espacios del barrio para que sean generadores de emociones positivas a sus habitantes”. 

La propuesta se enmarca en una visión salutogénica de la salud, centrada no tanto en la enfermedad como en los factores que promueven el bienestar. En este sentido, los autores defienden que la técnica del mapeo emocional “puede beneficiar a la atención en la línea de la prescripción social, como forma de promoción de la salud en la consulta a través de la recomendación de un activo específico identificado a través de la participación vecinal”. 

Prescripción social con base emocional 

Este trabajo pone sobre la mesa la importancia de conocer el entorno desde la vivencia de la comunidad. No se trata únicamente de contabilizar recursos, sino de comprender cómo son percibidos por quienes viven en el territorio: “Un error común es tratar de identificar recursos sociosanitarios en el territorio y pretender aplicar su recomendación a la población sin tener en cuenta si esto es posible o si dicha población los percibe como generadores de salud”, sentencian los autores. 

Los resultados del estudio ofrecen también una hoja de ruta para futuras investigaciones y acciones en barrios similares. “Se sugiere que una intervención vecinal en las zonas negativas puede llevar a repensarlas y a mejorar su percepción por parte de la población si se convierten en zonas generadoras de salud”. 

La comunidad como aliada imprescindible en Atención Primaria  

Esta experiencia demuestra que incluso en contextos de alta vulnerabilidad —y en un momento tan difícil como la pandemia— es posible “llevar a cabo investigaciones participativas con perspectiva comunitaria en el ámbito de la Atención Primaria”. Por este motivo, los autores reclaman que este tipo de iniciativas se valoren e integren en la práctica habitual, ya que “tienen una aplicación directa en la mejora de la salud de la población”. 

Puedes leer el original clicando en este enlace.

Otros artículos de interés