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Médicos y médicas de familia instan a deprescribir con seguridad ante el aumento de pacientes polimedicados complejos

Médicos y médicas de familia instan a deprescribir con seguridad ante el aumento de pacientes polimedicados complejos

Se considera polimedicación cuando una persona toma cinco o más medicamentos al día durante al menos seis meses en un año. La polimedicación suele estar estrechamente vinculada al envejecimiento, la cronicidad y la complejidad de los tratamientos.
 

Fecha de publicación: 14 de noviembre de 2025

De acuerdo con los datos recogidos en la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP), en 2024, el 35,2 % de la población en España utiliza al menos un medicamento de forma regular. Dentro de este grupo, el 8,4 % está en situación de polimedicación, es decir, toma cinco o más fármacos al día. De ellos, el 7,4 % consume entre cinco y nueve medicamentos, mientras que un 0,9 % presenta un nivel de polimedicación severa, al utilizar diez o más tratamientos de manera simultánea; prácticamente, 1 de cada cien personas consume más de 10 fármacos distintos al día.

Sandra Pérez Santos, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria explica que “cuanto mayor es el número de fármacos que se toman existe un mayor riesgo de interacciones, efectos adversos y fallos en su administración. Además, también conllevan una menor adherencia al tratamiento”.

Uno de los fenómenos unidos a la polimedicación es la llamada cascada terapéutica, que ocurre cuando un evento adverso relacionado con un medicamento lleva a pautar un nuevo posterior para tratar el efecto adverso. Esta prescripción en cascada favorece el aumento de los eventos adversos; e intensifica las interacciones farmacológicas, que pueden producir efectos nocivos o disminuir la acción de alguno de los fármacos. Además, empeoran la calidad de vida y llevan a un aumento los ingresos hospitalarios.

Sandra Pérez Santos y Elena Díaz Crespo, también médica de familia, describen los principales obstáculos que se encuentran al intentar reducir el número de fármacos en pacientes complejos como “la reticencia del paciente o la familia a suspender fármacos que eran ‘para toda la vida’, miedo del profesional a que haya un empeoramiento clínico, la falta de tiempo en la consulta y los múltiples prescriptores sin coordinación entre distintas especialidades”.

Asimismo, todavía está muy presente la cultura sanitaria en la que hay que “tratar todo” con fármacos, en lugar de “'tratar mejor” con herramientas no farmacológicas o retirando tratamientos. 

// Opioides o benzodiacepinas, a examen antes de prescribir 
Sandra Pérez detalla que “los fármacos potencialmente inadecuados y prescritos de forma crónica son los antiinflamatorios, los antihipertensivos (IECAS, diuréticos y bloqueantes de canales de calcio) y aquellos que actúan sobre el sistema nervioso central, tales como opioides, benzodiacepinas, antidepresivos o fármacos antidemencia”. Añade también que algunos de los efectos adversos habituales pueden ser de carácter leve, como el estreñimiento, pero también son frecuentes eventos como la hipotensión, síncopes, caídas, alteraciones cognitivas, insuficiencia renal o sarcopenia. El impacto de todos ellos es mayor en pacientes más frágiles, con multimorbilidad o con deterioro cognitivo”.

Otra de las causas de la polimedicación es la falta de revisión periódica del tratamiento, dado que a menudo no se reevalúa si siguen siendo necesarios, ni se comprueba si realmente están indicados en función de las características individuales del paciente. 

“Se pierde la visión global del paciente y el seguimiento del mismo, pudiendo producir reacciones adversas perjudiciales para el paciente. El hecho de que haya múltiples prescriptores también puede contribuir a la prescripción en cascada”, sentencia Pérez. 

// Aliados frente a la polimedicación
La deprescripción en los pacientes polimedicados complejos es uno de los mayores desafíos actuales en el que los y las especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria tienen un papel destacado.  Elena Díaz Crespo resalta que: “Son clave por tener una visión longitudinal, integral y conocedora de la familia y el sistema de cuidados y de soporte del paciente. Revisar periódicamente el tratamiento es una herramienta con alto valor clínico que también puede ser realizada en conjunto con el equipo de enfermería”. 

La deprescripción no significa ‘quitar tratamientos’ sino garantizar que los fármacos que toma el paciente le aporten más beneficios que perjuicios en base a su situación vital”, apuntaDíaz Crespo que también afirma que “para ayudar a deprescribir con seguridad en consulta, es fundamental conocer la historia de vida del paciente, así como su relación con la patología y sus preferencias. 

Las herramientas más utilizadas por la comunidad científica que ayudan al profesional en la toma de decisiones durante el proceso de deprescripción son:

•    Los criterios STOPP-START (Screening Tool of Older Persons' potentially inappropriate Prescriptions): identifican prescripciones potencialmente inapropiadas (riesgos mayores que beneficios). 
•    Los criterios de Beers: una lista de medicamentos, desarrollada por la Sociedad Americana de Geriatría (AGS), que podrían ser dañinos para los adultos mayores, ya que los riesgos de sus efectos secundarios pueden superar los beneficios.
•    La calculadora de carga anticolinérgica 
•    La calculadora de interacciones. 

Además, es clave emplear un uso racional de pruebas diagnósticas y aplicar la deprescripción de forma gradual, con monitorización constante para garantizar la seguridad y el bienestar del paciente. 

// Aprender a deprescribir a través de escenarios clínicos simulados 

Hoy viernes 14 de noviembre ha tenido lugar la actividad “Misión deprescripción: perdiendo el miedo al paciente polimedicado en Atención Primaria”, en el marco de su congreso anual de la semFYC en Madrid. 

La sesión, en la que se ha usado la metodología de gamificación, ha permitido a los y a las asistentes entrenar habilidades de razonamiento farmacoterapéutico, comunicación clínica y manejo de incertidumbre. A partir de un paciente modelo han podido reducir la percepción de riesgo asociada a deprescribir y han conocido las herramientas existentes de una manera más ágil y dinámica.
 

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