Miguel García Hernández: “Reconocer y categorizar los factores que contribuyen a la complejidad permite establecer planes de cuidado más integrales y realistas”
Entrevistamos a Miguel García Hernández, ganador de la Beca Isabel Fernández 2024, quien gracias a su tesis “Análisis de la relación entre los factores de complejidad y su percepción en profesionales de atención familiar y comunitaria: un estudio mixto desde la perspectiva de un modelo centrado en la persona” ha puesto de manifiesto que el paradigma biomédico o reduccionista, centrado en la enfermedad, resulta insuficiente para abordar la complejidad de los pacientes. García Hernández es médico de familia y actualmente trabaja en el puesto técnico de la Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria “La Laguna-Tenerife Norte”.
¿Podrías explicarnos, resumidamente, en qué consiste tu tesis?
Mi tesis consiste en dos estudios complementarios, uno cualitativo y otro cuantitativo, cuyos objetivos eran, respectivamente, conocer las experiencias y percepciones de los profesionales de Atención Familiar y Comunitaria (AFyC) en relación con el manejo y atención de los pacientes complejos y analizar la relación entre la percepción de la complejidad y las características relacionadas con el contexto familiar y social de los pacientes, su estado global de salud, el acceso y la utilización de recursos en salud y las capacidades y cargas de enfermedad y tratamiento.
¿Qué te motivó a investigar la percepción de la complejidad en la atención familiar y comunitaria?
Existen varios motivos. Por un lado, el estudio surge de una necesidad o dilema clínico. La visión centrada en la enfermedad y el empleo de las escalas biomédicas convencionales y reduccionistas, generan una fragmentación de los cuidados y resultan insuficientes para capturar la complejidad de los pacientes, lo que redunda en interrupciones en la continuidad de la atención y dificulta la coordinación asistencial, entre otros resultados adversos.
Por otro lado, dada la naturaleza del fenómeno y el creciente grado de complejidad que los encuentros en medicina de familia muestran, resultaba de gran interés que fuera estudiado desde la perspectiva de la atención familiar y comunitaria y, como eje central, uno de sus valores nucleares, la Atención Centrada en la Persona (ACP). Así, el interés por comprender la complejidad está muy alineado con dichos valores y las teorías de la complejidad y de los sistemas, lo que demuestra cómo estas corrientes de pensamiento reflejan con precisión la filosofía y la identidad de la disciplina.
¿Cómo definirías, desde tu experiencia y tu investigación, qué es un “paciente complejo”? ¿Se ajusta esa definición a cómo lo perciben los profesionales?
Mi definición se alinea completamente con la percepción de los profesionales del estudio. Ya que, en parte, se ha ido construyendo con mi experiencia personal, el desarrollo de la investigación, sobre todo, y con todas las reflexiones y lecturas de otros autores este tiempo.
Un paciente complejo es un paciente en el que la interacción de factores biológicos, conductuales, psicosociales y culturales que determinan un desequilibro entre las cargas y las capacidades. Si bien es cierto que la definición debe estar abierta a la singularidad de cada caso, así como al carácter dinámico, adaptativo, multidimensionales y contextual en el que esa complejidad se produce. Ahora bien, para identificar la complejidad es necesario emplear un método que adopte de manera operativa una visión integral, reconozca que los seres humanos son dinámicos y se encuentran en constante cambio, los aspectos subjetivos de la enfermedad y el contexto proximal y distal en el que esta ocurre. Lo que incluye al individuo, su familia y su comunidad.
¿Cuáles han sido los principales resultados de tu investigación?
La investigación ha puesto de manifiesto que el paradigma biomédico o reduccionista, centrado en la enfermedad, resulta insuficiente para abordar la complejidad de los pacientes. Lejos de facilitar el cuidado, este enfoque puede dificultar la continuidad asistencial y generar respuestas fragmentadas.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la complejidad no reside únicamente en la acumulación de diagnósticos, sino en la interacción de múltiples factores que, si no se reconocen ni se abordan adecuadamente, se convierten en barreras reales para la atención. Reconocer y categorizar los factores que contribuyen a la complejidad permite establecer planes de cuidado más integrales y realistas, ajustados a las circunstancias específicas de cada persona. Además, se ha observado que estos factores pueden varia, no solo según el sistema de salud y los recursos del entorno, sino también en función de la capacitación y la experiencia del profesional. Por ello, las estrategias de abordaje deben ser adaptables y sensibles al contexto, especialmente en áreas con recursos limitados o altas desigualdades sociales.
También se identifica como la ACP puede contribuir a garantizar la atención de los pacientes complejos esté alineada con sus preferencias, objetivos y necesidades, favoreciendo una práctica más coherente y significativa. La ACP hace emerger nuevas posibilidades para una mejor comprensión de la persona desde una perspectiva clínica y facilita el establecimiento de la relación de ayuda. Así, la evaluación de la complejidad debe derivar en la elaboración de un plan de atención integral.
Por último, encontramos que la colaboración y abordaje interdisciplinaria, entre profesionales de medicina, enfermería, trabajo social y otros actores involucrados, son piezas fundamentales para la atención efectiva del paciente complejo. No solo enriquece la toma de decisiones, sino que es una de las claves para superar las barreras organizativas y garantizar una atención verdaderamente centrada en la persona, en la que los profesionales de AFyC podrían desempeñar un papel de liderazgo en la coordinación y toma de decisiones.
¿Qué impacto esperas que tenga tu investigación en la formación y práctica de los profesionales de Atención Primaria?
Por un lado, la implementación de escalas o herramientas más específicas puede mejorar la capacidad de los profesionales para identificar y gestionar la complejidad. Esto incluye el desarrollo de indicadores que aborden tanto las necesidades clínicas como psicosociales y contextuales que reconozcan determinados fenómenos no numéricos y las relaciones no lineales entre las variables.
Por otro lado, reconocer y manejar la complejidad requiere habilidades avanzadas y formación continua. Es fundamental que los programas de formación incluyan, no solo entrenamiento relacionado con la identificación de la complejidad, el trabajo en equipo interdisciplinario y la implementación de la ACP, sino también en dimensiones más profundas de la práctica clínica. Entre ellas destacan la capacidad para explorar la experiencia de la enfermedad, la práctica reflexiva, la autoconciencia y/o la autorregulación emocional. Esto podría potenciar la empatía, fortalecer la toma de decisiones compartida y permite sostener el vínculo terapéutico incluso en contextos de imprevisibilidad, lo que podría aportar algunos elementos clave para gestionar la incertidumbre inherente a la atención de pacientes complejos.
Finalmente, ¿qué significa para ti haber recibido la Beca Isabel Fernández y qué puertas crees que puede abrirte como investigador joven?
Haber recibido la Beca Isabel Fernández ha sido un gran estímulo para finalizar mi tesis doctoral. Aunque concibo su realización como el inicio de una nueva etapa, más que el final de otra, creo que el reconocimiento y apoyo que he recibido tras recibir la beca es un gran aliciente para continuar desarrollando mi carrera investigadora. Además, tener la oportunidad de responder a estas preguntas ayuda muchísimo a dar difusión a los resultados de la investigación.
Me gustaría señalar también que el espacio en el que se realiza la defensa de los proyectos de tesis durante el pasado congreso (XLIV congreso de la semFYC en Barcelona) fue un encuentro muy gratificante, en el que pude compartir la investigación con otras personas, recibir feed-back e inspirarme con el gran trabajo de las otras personas que compartían dicho espacio. Por lo que invitaría a cualquier persona que esté realizando su tesis doctoral a que se anime a participar en la siguiente convocatoria.