Soledad: emociones y salud en nuestras consultas
La soledad es una experiencia que todos vivimos en algún momento, y que puede percibirse desde la sensación de tranquilidad hasta una tristeza profunda. A veces puede ser una elección para reflexionar o descansar (soledad elegida) pero en otras ocasiones puede afectar nuestro bienestar (soledad no deseada). Conocer cómo influye en nuestra salud, física y emocional, nos permite decidir sobre lo que podemos hacer para cuidarnos en esos momentos.
El aislamiento social es definido como «la situación objetiva de tener pocos o ningún contacto con otras personas»; mientras que soledad es «la sensación subjetiva de recibir menor afecto o cercanía de lo que necesitamos”, en nuestras relaciones más íntimas (soledad emocional) o en las vinculadas a familiares y amigos (soledad social). No es lo mismo estar solo (condición que puede ser elegida) que sentirse solo (aun conviviendo o estando rodeados de otras personas) siendo esto más desolador y preocupante ya que se experimenta de forma involuntaria. Ese “sentirse solo sin vivir solo” se da entre cuidadores/as de personas mayores dependientes, así como en quienes han perdido relaciones sociales por una enfermedad, jubilación, emancipación de hijos o fallecimiento de seres cercanos.
Aunque solemos asociar soledad con la vejez, donde pérdidas como el empleo, el estatus social, la pareja y/o amigos, o ciertas capacidades físicas pueden favorecerla, no es exclusiva de esta etapa. En la adolescencia, por ejemplo, se vincula a los cambios de rol o inseguridades, relacionándose con síntomas como baja autoestima, consumo de tóxicos, conducta suicida, ansiedad o depresión. (1) Hoy en día, también viene marcada por el uso inadecuado de las redes sociales intensificando la sensación de aislamiento especialmente en quienes no dominan la tecnología y quedan excluidos de la conexión digital. (2)
La soledad puede ser adaptativa cuando es transitoria, pero si se convierte en un estado constante y crónico, afecta negativamente a la salud. Por un lado, la soledad nos lleva a adoptar hábitos poco saludables y, por otro lado, estar solos puede también desequilibrar algunos procesos neurobiológicos. La soledad genera una sensación de amenaza o peligro que activa respuestas fisiológicas similares al estrés prolongado con aumento de los niveles de cortisol en sangre, de fibrinógeno (responsable de reacciones inflamatorias) y de la presión arterial, afectando al sistema cardiovascular e inmunológico. Asimismo, se asocia con manifestaciones físicas y psicológicas como cefaleas, insomnio, baja autoestima y alteraciones emocionales como estrés, ansiedad y tristeza. (3) En este sentido, la soledad surge como factor de riesgo poco conocido que se asocia con morbimortalidad.
Algunos estudios sugieren que la soledad se relaciona significativamente con la respuesta emocional, observándose una disminución de las emociones positivas y un incremento de las emociones negativas. (4) La capacidad de percibir, comprender y regular nuestras emociones se asocia con una menor soledad percibida a lo largo del tiempo, sugiriendo que la inteligencia emocional podría actuar como un importante recurso protector. (5)
Desde esta perspectiva, resulta útil incorporar estrategias que faciliten vivir la experiencia de manera más adaptativa, cuidando nuestra salud emocional:
- Reconocer y aceptar tus emociones sin juzgarte.
- Mantener una rutina diaria organizada para evitar el vacío de la soledad.
- Fomentar el contacto social por cualquier medio, aunque no sea presencial.
- Practicar el autocuidado con actividades que te hagan sentir bien.
- Practicar la Autocompasión (evita la autocrítica que intensifica el malestar de estar solo).
Sin embargo, a pesar de que asociamos la soledad con sensaciones desagradables, es importante reconocer que no siempre tiene un impacto negativo. Existe lo que se denomina soledad positiva, entendida como una forma de introspección que nos da la oportunidad de conocernos mejor y entender nuestras emociones, además de proporcionarnos tiempo y espacio para el descanso.
(Gustavo Adolfo Bécquer)
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la soledad se ha convertido en un problema de salud pública, no solo habitual en la vejez si no presente también en otras etapas de la vida. La OMS incluso advierte que, por sus posibles consecuencias futuras, podría llegar a considerarse la epidemia del siglo XXI. (6)
En España, se estima que el 13,4% de las personas sufre soledad no deseada. Sus efectos en la salud física y emocional la convierten en un desafío creciente para los sistemas sanitarios y socia-les, ya que se identifica como factor asociado a mayor número de visitas médicas, más rehospita-lizaciones y estancias hospitalarias más prolongadas. (7)
Aunque se han intentado diferentes intervenciones desde el ámbito sanitario (como acompaña-miento, actividad física o artística, contacto con la naturaleza), no existe suficiente evidencia para incorporarlas de forma sistemática en programas comunitarios. Su implementación se ve limitada por la falta de tiempo en consulta, de formación específica y de protocolos definidos que faciliten el diagnóstico de soledad. (8)
Como problema de salud, la soledad no puede comprenderse ni abordarse únicamente desde la clínica. La formación en el manejo de las emociones adquiere un valor fundamental, facilitando su detección, entendiendo su impacto y favoreciendo una actuación más efectiva.
Maria Jesús Fernández Lerones
GdT Salud Basada en Emociones
(1) Carvajal-Carrascal G, Caro-Castillo CV. Soledad en la adolescencia: análisis del concepto. Aquichán [Internet]. 2009;9(3):281–96. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-59972009000300008
(2) Belchi, A. (2023, noviembre 17). OMS declara la soledad como un “problema de salud pú-blica mundial”. Voz de América. https://www.vozdeamerica.com/a/oms-soledad-problema-salud-publica-mundial/7359191.html
(3) Gené-Badia J, Ruiz-Sánchez M, Obiols-Masó N, Oliveras Puig L, Lagarda Jiménez E. Aisla-miento social y soledad: ¿qué podemos hacer los equipos de atención primaria? Aten Pri-maria [Internet]. 2016;48(9):604–9. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.aprim.2016.03.008
(4) Luo Q, Shao R. The positive and negative emotion functions related to loneliness: a sys-tematic review of behavioural and neuroimaging studies. Psychoradiology [Internet]. 2023;3:kkad029. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1093/psyrad/kkad029
(5) Orozco Vargas, A E. Soledad y ansiedad durante el confinamiento por COVID-19. El efecto mediador de la regulación emocional. Interdiscip Rev Psicol Cienc Afines [Internet]. 2022;39(2):335–54. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8689893
(6) Mpemba la SC, Murthy el DV. Soledad y aislamiento: la amenaza oculta para la salud mundial que ya no podemos desoír [Internet]. Who.int. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/commentaries/detail/loneliness-and-isolation-the-hidden-threat-to-global-health-we-can-no-longer-ignore
(7) Vista de La soledad no deseada en España: un problema para la gestión de la Salud Pública y los cuidados familiares [Internet]. Gob.es. Disponible en: https://ojs.sanidad.gob.es/index.php/resp/article/view/203/732
(8) Hernández-Ascanio J, Perula-de Torres LÁ, Rich-Ruiz M, Roldán-Villalobos AM, Perula-de Torres C, Ventura Puertos PE, et al. Condicionantes para el abordaje del aislamiento social y la soledad de adultos mayores no institucionalizados desde atención primaria de salud. Aten Primaria [Internet]. 2022;54(2):102218. Disponible en: http://dx.doi.org/10.1016/j.aprim.2021.102218