El virus Nipah vuelve a la actualidad en el Día Mundial de las Enfermedades Tropicales Desatendidas
El médico de familia y comunitaria Javier Arranz recuerda que se trata de un patógeno conocido desde los años 90, con brotes muy localizados en el sudeste asiático y un riesgo muy bajo fuera de la región
En el Día Mundial de las Enfermedades Tropicales, la actualidad sanitaria vuelve la mirada hacia el virus Nipah, un patógeno que ha reaparecido en la conversación pública tras detectarse un nuevo brote en la India. Según explica Javier Arranz, médico de familia y comunitaria y miembro del grupo de trabajo de Enfermedades Infecciosas de la semFYC, no se trata de un virus nuevo, pese a los titulares recientes.
“El virus Nipah se conoce desde el año 98-99 en que se detectaron primeros casos en personas que trabajaban en granjas de cerdos en la zona de Malasia”, señala Arranz. Desde entonces, se han registrado “varios brotes epidémicos, que no pandemia”, casi siempre en países del sudeste asiático como Bangladesh, India, Filipinas o Singapur.
La relevancia del Nipah radica en la gravedad potencial de algunos cuadros clínicos. “En su presentación clínica más grave, que sería la afectación del sistema nervioso en forma de encefalitis, puede tener una alta mortalidad, que puede llegar hasta un 70% de mortalidad”, advierte el médico de familia. A ello se suma que “no tiene un tratamiento antivírico concreto o específico y tampoco existe por ahora vacuna específica para el virus, aunque hay varias vacunas en investigación”.
Arranz detalla que la infección puede comenzar con síntomas inespecíficos, como fiebre, dolor de cabeza, náuseas o vómitos y evolucionar hacia “una infección respiratoria y una infección del sistema nervioso central”. Además, el periodo de incubación, de hasta tres semanas, dificulta la detección precoz, aunque subraya que los brotes “no han llegado a traspasar fronteras o no han ido más allá” y que el número de personas afectadas suele ser reducido.
En el brote actual en la India, dos de los casos detectados corresponden a personal sanitario. “Lo que llama más la atención es el número de contactos, es decir, contactos de estas personas que están en estudio”, explica Arranz, recordando que la transmisión se produce por contacto con fluidos de personas o animales, o incluso a través de la alimentación, lo que obliga a un seguimiento estrecho de los contactos.
Pese a su elevada letalidad potencial, el especialista de familia descarta un escenario similar al de la COVID-19. “Es difícil que este virus se convierta en un virus pandémico, porque su forma de transmisión es más complicada que no por la vía respiratoria”, afirma. Por ello, considera que “hablar de pandemia es un poco excesivo por mucho que pueda tener una alta mortalidad” y que el riesgo para otros países, incluidos los occidentales, es “relativamente bajo, muy bajo”.
En una jornada dedicada a visibilizar las enfermedades tropicales desatendidas, Arranz insiste en no perder de vista el contexto global y la vigilancia sanitaria. “Siempre alerta en la aparición de virus de este tipo, de personas que pueden venir de viaje infectadas, eso tenerlo en cuenta, pero con un bajo riesgo en este momento”, concluye, subrayando que el brote actual es incluso menor que otros registrados en el pasado.