Recomendaciones NO HACER
No abordar la salud sexual asumiendo exclusivamente el coito vaginal heterosexual, obviando la diversidad de prácticas sexuales en la población
mayo 2025

No abordar la salud sexual asumiendo exclusivamente el coito vaginal heterosexual, obviando la diversidad de prácticas sexuales en la población

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Recomendación

Descripción

La adopción de un enfoque inclusivo y basado en evidencia en la anamnesis de la historia sexual mejora la calidad asistencial, reduciendo barreras de acceso y estigmas en la atención en salud sexual. Implementar un modelo centrado en la persona, que considere la diversidad de prácticas sexuales y la sensibilidad cultural, es clave para diagnósticos más precisos y mejores resultados en salud.

¿Por qué NO hacer?

La atención en salud sexual se ha centrado tradicionalmente en un modelo heteronormativo que presupone el coito vaginal como práctica sexual predominante, así como su objetivo último. Este enfoque restrictivo genera importantes brechas en la atención sanitaria, provocando diagnósticos tardíos o fallidos, recomendaciones preventivas inadecuadas y barreras en la comunicación entre profesionales y pacientes. Como consecuencia, se produce un impacto negativo en la calidad asistencial y en los resultados en salud, sobre todo en poblaciones con prácticas sexuales no normativas1. Un estudio cualitativo realizado en Suecia2 analizó la experiencia del personal de enfermería en Atención Primaria en el abordaje de la salud sexual con pacientes. A través de entrevistas se identificaron barreras como normas sociales, falta de formación y tiempo y actitudes personales que limitaban estas conversaciones. Se observó que el perfil con el que resultaba más cómodo hablar de salud sexual era el de hombres de mediana edad, especialmente aquellos con disfunciones sexuales. Esto se debía, en parte, a que los problemas sexuales masculinos se consideraban más «físicos» y contaban con soluciones médicas claras, como los fármacos para la disfunción eréctil. En cambio, los problemas sexuales femeninos se asociaban más con aspectos emocionales o relacionales, lo que hacía que el personal de enfermería se sintiera menos capacitado para abordarlos. Las normas sociales que actúan como barreras para discutir la salud sexual están profundamente arraigadas en las desigualdades de género. La heteronormatividad, los estereotipos de género, los prejuicios sobre la sexualidad en la vejez, los tabúes culturales y la falta de educación con un enfoque de género contribuyen a que profesionales sanitarios sientan inseguridad y eviten el tema. Esto afecta sobre todo a las mujeres, las personas LGBTIQ+ y las personas ancianas, perpetuando las desigualdades en la atención sanitaria. Para superar estas barreras, es necesario implementar una formación en salud sexual que incorpore una perspectiva de género crítica, promoviendo una atención más inclusiva y equitativa. Los estudios sobre intervenciones integrales en salud sexual, que incluyen educación sexual completa, han mostrado mejoras sustanciales en el conocimiento y en el cambio de comportamientos sexuales de riesgo, superando a los enfoques tradicionales limitados3. El Journal of Sexual Medicine publicó un artículo4 que propone un procedimiento operativo estándar para la elaboración de la historia sexual, apoyado en una revisión de las publicaciones especializadas y la opinión de expertos. Se presentan directrices estructuradas que incluyen un enfoque centrado en la persona, recomendaciones diagnósticas y terapéuticas basadas en la evidencia y un manejo unificado para todas las personas. El artículo enfatiza la diversidad de comportamientos sexuales, reconociendo que la actividad sexual no se limita al coito y puede incluir estimulación oral o manual, entre otras. Propone un enfoque no penetrativo en la evaluación de la función sexual, asegurando que las preguntas sean inclusivas de diversas prácticas. Además, promueve una atención centrada en la persona, evitando suposiciones sobre su orientación sexual o sus preferencias. También destaca la importancia de la sensibilidad cultural, considerando cómo los factores personales, religiosos y culturales pueden influir en la sexualidad y la comunicación en la consulta. Por último, la implementación de un abordaje multidisciplinar que considera la diversidad de prácticas sexuales ha evidenciado una reducción significativa en las barreras de acceso y el estigma asociado a la atención en salud sexual5.

Bibliografía

1. Brookmeyer K, Coor A, Kachur R, Beltran O, Reno H, Dittus P. Sexual history taking in clinical settings: a narrative review. Sex Transm Dis. 2020;47(11):760-4. doi:10.1097/OLQ.0000000000001319. 2. Klaeson K, Hovlin L, Guvå H, Kjellsdotter A. Sexual health in primary health care – a qualitative study of nurses’ experiences. J Clin Nurs. 2017;26:1545-54. doi:10.1111/jocn.13454. 3. Denford S, Abraham C, Campbell R, Busse H. A comprehensive review of reviews of school-based interventions to improve sexual-health. Health Psychol Rev. 2017;11(1):33-52. 4. Althof S, Rosen R, Perelman M, Rubio-Aurioles E. Standard operating procedures for taking a sexual history. J Sex Med. 2013;10(1):26-35. doi:10.1111/j.1743-6109.2012.02823.x. 5. Jackson C, Hakky T, Tims-Cook Z, Frank L. Innovative team approach to sexual health counseling; partnership of urology, infectious disease and pelvic floor therapy to increase. Access to Care. J Sex Med. 2024; 21(Suppl 1):qdae001.267. doi.org/10.1093/jsxmed/qdae001.267.
Competencias clínicas
Atención a la mujer
Tipo de recomendación
No hacer
ISBN
978-84-129828-9-3
Fecha de publicación
mayo 2025
Última actualización
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