¿Por qué NO hacer?
En las últimas dos décadas en España se ha incrementado de forma notoria el consumo de fármacos como benzodiacepinas, antidepresivos y antipsicóticos. A excepción de estos últimos, la mayor parte de psicofármacos se prescriben en el ámbito de la Atención Primaria1. En términos generales, la prevalencia de pacientes polimedicados (aquellos que consumen de forma crónica cinco o más medicamentos) se ha triplicado en la última década, y no es infrecuente que entre estos principios activos se encuentre, al menos, un psicofármaco2. En Atención Primaria, la psicoterapia utilizada para el abordaje de los trastornos mentales comunes leves-moderados ha demostrado mejorar la calidad de vida, sin necesidad de emplear medicamentos. En el caso de la depresión leve, el balance riesgo-beneficio del uso de antidepresivos no es favorable, y en el caso del manejo de la ansiedad es necesario investigar las causas y plantear el uso de técnicas de relajación (como el método Jacobson), respiración y meditación antes de pautar ansiolíticos. En caso de que se decida el empleo de psicofármacos es necesaria una adecuada entrevista clínica, en la que el profesional sanitario analice la situación, el perfil clínico del paciente, y establezca una alianza y un plan terapéuticos. Al inicio del tratamiento se deben explorar las expectativas, explicar al paciente posibles efectos secundarios e interacciones, y hacerle partícipe en la toma de decisiones3,4. No obstante, algunos de los principales problemas que aparecen en el empleo de psicofármacos no suceden al inicio del tratamiento, sino que tienen lugar en el momento de plantear su suspensión. Algunas barreras son la aparición de dependencia en el caso de benzodiacepinas, o síndrome de discontinuación en el empleo de antidepresivos a largo plazo, que pueden generar rechazo a la retirada por parte del paciente. Ello, sumado, entre otras cuestiones, a la falta de pautas concretas de actuación en los procesos de depres-
cripción (que no tienen plena efectividad), contribuye a que los tratamientos se prolonguen sine die. La retirada de un tratamiento psicofarmacológico se debería plantear, siempre previa valoración facultativa, en caso de mejoría clínica sostenida, inefectividad, baja adherencia, por petición del paciente o en caso de aparición de efectos adversos3. En suma, la revisión farmacológica continuada, la selección del fármaco basada en la mejor evidencia disponible, la toma de decisiones compartidas y la relación de confianza entre el médico y el paciente son los puntos clave que hay que tener en cuenta para evitar prescripciones innecesarias, prolongadas en el tiempo o que no aportan beneficio clínico4.
Bibliografía
1. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. Informes publicados. [Acceso: 20 de enero de 2023] Disponible en: https://www.aemps.gob.es/medicamentos-de-uso-humano/observatorio-deuso-de-medicamentos/informes/
2. Hernández-Rodríguez MÁ, Sempere-Verdú E, Vicens-Caldentey C, González-Rubio F, Miguel-García F, Palop-Larrea V, et al. Evolution of polypharmacy in a spanish population (2005-2015): A database study. Pharmacoepidemiol Drug Saf. 2020;29 (4):433-43. doi: 10.1002/pds.4956
3. Goñi O. Guía de uso seguro, deprescripción y cambio entre antidepresivos. Bol Inf Farmacoter Navar. 2021;29(4):1-23. https://doi.org/10.54095/BITN20212904
4. Escuela Andaluza de Salud Pública, Centro Andaluz de Documentación e Información de Medicamentos (CADIME). Polimedicación y deprescripción: recomendaciones prácticas. [Acceso 20 de enero de 2023] Disponible en: https://www.cadime.es/ bta/bta-2-0-publicados/852-polimedicaci%C3%B3n-y-deprescripci%C3%B3nrecomendaciones-pr%C3%A1cticas.html