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Realizar educación en ciencia del dolor como parte del tratamiento del dolor crónico no oncológico
noviembre 2024

Realizar educación en ciencia del dolor como parte del tratamiento del dolor crónico no oncológico

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Recomendación

Descripción

La educación en ciencia del dolor (ECD) ha emergido como un componente fundamental en el tratamiento no farmacológico del dolor crónico no oncológico (DCNO), respaldada por una creciente evidencia científica que subraya su eficacia para reducir el dolor y la discapacidad, mejorando el conocimiento del paciente sobre los mecanismos del dolor. La ECD debe impartirse de forma individualizada dentro de un plan multimodal para lograr mayores efectos, evitando el uso de un lenguaje nocebo.

¿Por qué NO hacer?

Los conceptos erróneos sobre el dolor a menudo conducen a comportamientos que pueden resultar perjudiciales. La reconceptualización de estos conceptos como objetivo de tratamiento ha impulsado el desarrollo de la educación en neurociencia del dolor, que ha evolucionado hacia el enfoque actual de la ECD1. Las directrices de práctica clínica abogan por la integración de la ECD para facilitar un cambio de conducta en la o el paciente con DCNO como parte del proceso de reconceptualización de su experiencia dolorosa, a través de un conocimiento profundo de los procesos implicados en el dolor2. El término «ciencia del dolor» hace referencia al amplio conjunto de ciencias biológicas y psicológicas que han hecho importantes contribuciones a nuestra comprensión de cómo funciona el dolor3. La ECD proporciona a los o las pacientes la oportunidad de mejorar su comprensión acerca del dolor y de cambiar sus creencias erróneas al respecto. Esta reconceptualización puede aliviar la ansiedad y el miedo relacionados con el dolor que exacerban la percepción de este, así como mejorar la adherencia a los programas de rehabilitación y de ejercicio terapéutico (ET)1, entendido como el EF prescrito y supervisado por personal sanitario. Numerosas revisiones sistemáticas y metanálisis han demostrado los beneficios terapéuticos de la ECD, que incluyen la reducción del dolor y la disminución de la discapacidad, de la kinesiofobia (miedo al movimiento), de la catastrofización y de la ansiedad, así como la mejora de la funcionalidad y del conocimiento sobre el dolor4. Todo ello disminuye la dependencia de los tratamientos farmacológicos, así como sus riesgos y los costes asociados. Aunque aún se desconocen con precisión los parámetros recomendados para su aplicación (cantidad de información, duración, entorno para llevarla a cabo, si ha de ser individual o grupal), presenta resultados prometedores al mostrar efectos de pequeños a moderados, siempre y cuando se administre dentro de un plan multimodal, normalmente combinada con ET4. Para que la ECD sea eficaz, es esencial adoptar un enfoque individualizado y centrado en cada paciente, atendiendo a sus necesidades biológicas, emocionales y socioculturales específicas. En algunos casos será necesario disipar los mitos previos (deseducación) antes de avanzar con nuevos conocimientos (reeducación). Los profesionales deben comprender las etapas de cambio por las que pasan los o las pacientes, ya que las necesidades educativas varían en cada etapa. La ECD, que responde a las preguntas del paciente y lo ayuda a comprender su dolor, permite al personal médico establecer una relación de confianza y colaboración con sus pacientes4. Es importante que las y los profesionales de la salud sean prudentes con el lenguaje que utilizan al comunicarse con sus pacientes para evitar el efecto nocebo. El uso del lenguaje biomédico y una terminología que sugiere un daño subyacente puede aumentar la percepción del dolor, el miedo y la catastrofización relacionados con este, agravando la situación clínica del paciente5. La ECD, por el contrario, al enseñar que la percepción del dolor es modulada por factores psicológicos y cognitivos y promover estrategias de autocuidado y autogestión, disminuye el impacto negativo del lenguaje nocebo a la vez que refuerza la autoeficacia del paciente4. A pesar del potencial de la ECD, su aplicación sigue siendo un gran reto debido a la complejidad inherente a comprender la biología del dolor, así como a la falta de formación y recursos adecuados entre profesionales de la salud para implementarla efectivamente.

Bibliografía

1. Ryan CG, Karran EL, Wallwork SB, Pate JW, O’Keeffe M, Fullen BM, et al. We Are All in This Together-Whole of Community Pain Science Education Campaigns to Promote Better Management of Persistent Pain. J Pain. 2024;25(4):902-17. doi: 10.1016/j.jpain.2023.10.024 2. Chronic pain (primary and secondary) in over 16s: assessment of all chronic pain and management of chronic primary pain. London: National Institute for Health and Care Excellence (NICE); 2021. PMID: 33939353 3. Roose E, Nijs J, Moseley GL. Striving for better outcomes of treating chronic pain: integrating behavioural change strategies before, during, and after modern pain science education. Braz J Phys Ther. 2023;27(6):100578. doi: 10.1016/j. bjpt.2023.100578 4. Zimney K, Van Bogaert W, Louw A. The Biology of Chronic Pain and Its Implications for Pain Neuroscience Education: State of the Art. J Clin Med. 2023;12(13):4199. doi: 10.3390/jcm12134199 5. Bedell SE, Graboys TB, Bedell E, Lown B. Words that harm, words that heal. Arch Intern Med. 2004 Jul 12;164(13):1365-8. doi: 10.1001/archinte.164.13.1365 25
Competencias clínicas
Dolor persistente
Tipo de recomendación
No hacer
ISBN
978-84-129161-9-5
Fecha de publicación
noviembre 2024
Última actualización
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